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Dilma Rouseff no irá al partido inicial por temor a ser pitada

Logotipo de AS AS 08/06/2014 Santi Giménez

Brasil se agita ante el inminente inicio del Mundial. La protestas en contra de la Copa parecen difíciles de parar y el Gobierno ya las da por asumidas. Valga como prueba que la presidenta Dilma Roussef ya ha anunciado que no asistirá a la inauguración en el Arena Corinthians de Sao Paulo dentro de cuatro días para evitar la más que previsible bronca. En su lugar, comparecerá el ministro de Deportes, Aldo Rebelo.

No obstante, la selección de Brasil tiene un plan para enganchar a la gente a su causa. Un plan con nombre y apellido: Luiz Felipe Scolari. Felipao es la figura que levanta mayor unanimidad en todo este circo y ha asumido el liderazgo de la empresa por delante de los políticos. Su lema es claro: “La gente no está contra Brasil, está contra la organización del Mundial”.

Fiel a este lema, Scolari lleva tiempo tratando de que el pueblo se sume a su ‘Familia’ que es como el técnico denomina a su combinado.Si en el Mundial del 2002 el concepto ‘Familia Scolari’ sirvió para aislar al grupo de los medios de comunicación y hacerle más fuerte, en este Mundial, la ‘Familia’ abre sus brazos al pueblo. Una hinchada que sigue siendo extremadamente rigurosa con el equipo y que ya le ha dado dos avisos en forma de ligera pitada en los dos partidos amistosos que ha disputado en la última semana.

Para tratar de unir al pueblo con la selección, Scolari ha abierto las puertas del equipo. Quiere que los jugadores sean lo más accesibles posible al público. Por eso, ha abierto un día a la semana Granja Comary para que desde ahí se puedan hacer todo tipo de programas de televisión. No únicamente deportivos, sino de cocina, concursos o de variedades. Permite que los jugadores tengan accesos a sus Redes Sociales para crear empatía con los que deben de ser su más firme apoyo durante la Copa.

De momento, el Plan Scolari funciona a medias. Por una parte, la gente empieza a diferenciar claramente lo que es la protesta contra los excesos de la organización (FIFA incluida) del apoyo a la verdeamarelha, aunque esperen más de su juego.

Lo que está claro es que tras el éxito de la Confederaciones, Scolari se ha erigido como el mástil al que aferrarse ante el pesimismo que invadía el fútbol brasileño hace tres años y ahora se mira el futuro con una ilusión que tan sólo necesitará de un pequeño empujón por parte del equipo. Esto es, empezar ganando a Croacia.

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