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Dos décadas sin el número 1

Logotipo de Marca Marca 01/05/2014 marca.com

Sin duda, aquel 1 de mayo de 1994 quedará marcado, posiblemente, como el día más triste en la historia de la Fórmula 1. Ayrton Senna, la estrella del momento y uno de los más grandes de todos los tiempos -si no el mejor- perdía la vida durante la carrera del Gran Premio más negro jamás recordado. Fue el final de un piloto y el principio de una leyenda eterna. El epílogo a un fin de semana fatídico. Porque todo lo que rodeó a aquel GP de San Marino parecía escrito por la propia Muerte o ser un guión que recuerda a la famosa saga cinematográfica ‘Destino Final’.

Todo empezó con el accidente de un joven Rubens Barrichello durante la primera de las sesiones de calificación disputada el viernes. Perdió el control de su monoplaza a más de 200km/h en Variante Bassa. Su coche salió por los aires y acabó estrellándose contra la valla protectora para acabar dando varias vueltas de campana. Barrichello perdió el conocimiento. Por fortuna, todo quedó en un susto, aunque no pudo correr ese fin de semana. Senna, que era el ídolo de Rubens, demostró una vez más su preocupación cada vez que había un accidente. Eran sus rivales, pero también sus compañeros. Como no le pasó nada, el Gran Premio siguió su curso, aunque empezaba a crearse en el ambiente una atmósfera negativa de la que Senna no fue una excepción.

El sábado se confirmó durante la segunda sesión de calificación. El debutante aquel año Roland Ratzenberger también perdió el control de su Simtek S941-Ford debido a la rotura en la recta del deflector delantero que le privó de apoyo en el tren anterior en la rápida curva Gilles Villeneuve. Ratzenberger se estrelló a unos 280 km/h contra el muro de protección. Una rueda delantera se desprendió y lo golpeó en la cabeza. Tras practicarle el masaje cardiaco, fue trasladado de urgencia al hospital, pero las heridas cerebrales que sufrió solo pudieron confirmar su muerte horas después.

Aquel fue el segundo aviso para una carrera que nunca debió disputarse. El miedo se instaló en el cuerpo de los pilotos. Muchos lloraron la pérdida de un compañero, entre ellos Senna. El brasileño quiso ver ‘in situ’ a Ratzenberger y le pidió a un comisario que lo llevara hasta el lugar en el que lo atendían. Al observar la magnitud del accidente, no pudo contener las lágrimas.

f1 / Se cumplen 20 años del fatídico accidente de Senna © f1 - Se cumplen 20 años del fatídico accidente de Senna f1 / Se cumplen 20 años del fatídico accidente de Senna

Se decidió continuar con el fin de semana, pero algo ya no iba bien en el interior de Senna. Los que lo conocían lo sabían. Tenía un comportamiento extraño, diferente. Por radio había mandado un sorprendente mensaje a su archienemigo Prost, que iba a comentar la carrera para una cadena de televisión: «Un saludo especial para mi querido amigo Alain. Te echo en falta Alain». Lo vieron muy pensativo, a ratos ausente. Incluso antes de la carrera, en la parrilla de salida -donde salía desde la pole- se le pudo ver así dentro del coche. No era cara de concentración. A su novia le había llegado a decir que no quería correr, pero que tenía que hacerlo. Lo mismo le contestó al médico del campeonato y amigo personal, Sid Watkins, quien intentó convencerlo de que no corriera.

El semáforo se puso en verde y llegó el tercer aviso. El Benetton del finlandés Jyrki Jarvilehto se caló en la salida y aunque varios pilotos lo pudieron esquivar, al final el portugués Pedro Lamy no pudo hacerlo. La colisión fue bastante fuerte, lo suficiente para que varias piezas saltaran por los aires e hirieran a gente que estaba en las gradas. Entonces salió el coche de seguridad, que era la segunda vez que se usaba en la Fórmula 1. Hoy en día se trata de un coche potente, pero en aquellos inicios se trataba casi de un utilitario. Senna, que comandaba la carrera, lo adelantaba casi sin pisar el acelerador, lo que le sacó de sus casillas como bien muestran las imágenes ‘on board’.

Tras varias vueltas, la carrera se relanzó y Senna pisó a fondo el acelerador. Durante dos giros más siguió al frente hasta que perdió la trazada de la curva Tamburello y se chocó brutalmente contra el muro a más de 300 km/h. El Williams salió despedido y se pudo ver a Senna dentro del cockpit inmóvil. Después de lo visto todo el fin de semana nadie pensó en nada positivo. Enseguida llegaron los servicios médicos, que lo sacaron del coche. Se le practicó allí mismo una traqueotomía. El helicóptero médico llegó al circuito y el cuerpo de Senna fue trasladado al Hospital Maggiore de Bolonia, donde horas después se certificó la muerte. Ayrton tenía la ilusión de ganar aquella carrera y dedicársela a Ratzenberger. Lo prueba el que una de las enfermeras encontró su mono una bandera austriaca que pretendía ondear.

Las causas de su fallecimiento nunca quedaron del todo claras, algo que llena de mayor misticismo toda la vida del genial piloto brasileño. No obstante, la versión más extendida es la de que la barra de dirección de su Williams se rompió en el momento de tomar la curva. Ayrton intentó rectificar, pero no hubo manera y el coche se fue recto. La mala suerte quiso que, además, tras el impacto una de las ruedas le golpeara la cabeza y que uno de los fragmentos de la barra de suspensión le traspasara el casco y le entrara por el cráneo. Si esto no hubiera ocurrido, seguramente habría salvado la vida.

Su muerte impactó al todo el mundo. Como tituló MARCA al día siguiente, la Fórmula perdió el 1. La figura más relevante de su deporte y uno de los deportistas más carismáticos del mundo se había ido de forma trágica. En Brasil, donde era un ídolo de masas, se lloró sin parar. Muestra de ello fue su entierro, con honores de Jefe de Estado. También sirvió para algo. Para que el Gran Circo tomara nota de que cosas así no podía volver a ocurrir. La seguridad en la Fórmula 1 cambió por completo y gracias a ello y hasta la fecha no se han vuelto a producir la muerte de ningún piloto. Senna fue el último. Ahora los protege a todos desde el cielo.

En twitter:
@miguelangaro

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