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El Alcántara más auténtico, el cronista, con el boxeo como excusa

MundoDeportivo.com MundoDeportivo.com 01/06/2014 EFE

Enrique Delgado Sanz

Madrid, 1 jun (EFE).- El boxeo es el único deporte que nadie confunde con un juego y eso lo sabe bien Manuel Alcántara, el poeta que abandonaba el verso para bajar al ring a escudriñar historias con su estilo propio, quince de las cuáles recogen Agustín Rivera y Teodoro León Gross en el libro "La edad de oro del boxeo".

Periodismo y literatura se mezclaban a partes iguales en las crónicas del literato, publicadas en el diario Marca entre 1967 y 1978, quien no perdía de vista ni una cosa ni la otra regalándole al lector cuidadas descripciones de ambientes, estancias y veladas de boxeo, así como titulares históricos a la prensa, como aquel "Había pasado hambre" con el que ilustró la victoria del púgil José Legrá ante Howard Winstone un 24 de julio de 1968 en Gales.

"Alcántara ha sido premio nacional de literatura, ha compuesto algunos de los mejores poemas del siglo XX y ahora escribe columnas a sus 86 años, pero el Alcántara cronista estaba muy olvidado", explica Agustín Rivera, periodista que firma el libro y que se define como uno de esos a los que les sigue gustando contar buenas historias.

El autor se ha propuesto "reivindicar" esta faceta del poeta malagueño desde que sus crónicas le deslumbraron en pleno proceso productivo de su tesis doctoral, en la que pretendía acercarse a los "testigos directos de la realidad", como él mismo revela.

Dicha reivindicación, sin embargo, habría estado al borde del K.O. -aprovechando la temática- de no ser por una persona, probablemente la persona más especial para Alcántara, Paula Sacristán, su mujer ya fallecida.

"Él -por Alcántara- era un desastre para guardar lo suyo", confiesa Rivera, quien admite que sin la labor de Paula, quien guardaba con celo las obras de su marido, él "no habría podido ver las crónicas" y por ende, éstas no habrían visto la luz ni se habría descubierto la figura del cronista que se hacía pasar por poeta, o al revés.

"Cuando vi esas crónicas en la avenida Pintor Sorolla (Málaga) vi que esto era lo que quería contar, lo que me apasiona del periodismo", explica Rivera haciendo referencia al estilo detallado, colorista, sencillo, visual y sin barroquismo del que hacía gala el poeta en sus crónicas a pie del cuadrilátero y con humo de fondo.

Siguiendo este estilo de crónica, al modo del Nuevo Periodismo alumbrado por el periodista estadounidense Tom Wolfe, Alcántara "era capaz de contar minuto a minuto el combate en artículos de alto nivel literario", confiesa Rivera.

Sus historias de boxeo, que no eran ficticias pese a lo que pudiera parecer, gustaban en la época, tanto que, como relata el periodista, en uno de sus viajes a Los Ángeles para cubrir un combate, incluso llegó a "posar para los fotógrafos y ser foto de portada desde la escalerilla del avión", como explica Rivera.

Pero eran otros tiempos, desde entonces han pasado varias décadas y la época dorada del boxeo de los Urtain, Perico Fernández, Evangelista, Carrasco o Legrá ya es historia.

El boxeo dejó paso a otros deportes como el baloncesto o el fútbol, monarca de la información deportiva actual, en las páginas de los periódicos, que poco a poco fueron denostando a este noble deporte llevándose consigo el estilo puesto en marcha por Alcántara que hoy sólo guarda unos pocos discípulos.

Rivera, por si quedaba alguna duda, es uno de ellos y seguro que los que ayer por la tarde acudieron a la caseta 251 del Paseo de Carruajes del Retiro (Madrid) se percataron de ello ya que, justo allí, entre los paseantes y el olor a libro, ese mismo periodista malagueño firmó ejemplares de un libro que redescubre a otro malacitano ilustre que para muchos sólo era poeta y columnista, pero que otros ya han descubierto como cronista.

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