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El Barcelona no tiene piedad

AS AS 28/03/2014 Juanma Rubio
Ante Tomic © QUIQUE GARCIA Ante Tomic

El Barcelona se dio un homenaje a costa de uno de sus más íntimos rivales. La situación era idónea: en un nivel de juego ahora mismo extraordinario, mejor a cada partido que pasa, y con todo el trabajo hecho ante un rival histórico que llega con la angustia de quien está al borde del abismo. El Panathinaikos, el del tapón ilegal de Vrankovic a Montero en la final del 96 y el que sacó al Barcelona de su final Four (2011, Palau Sant Jordi), fue un juguete en manos de un Barça que se gustó, certificó el liderato de grupo y amplió sus históricas marcas. Cojan aire: 12-0 en un grupo con Olympiacos, Panathinaikos y Fenerbahçe, 13 victorias seguidas en esta Euroliga. Y en el Top-16, ya 24 triunfos consecutivos sin, además, ninguna derrota en casa desde 2006. Una obra de arte con firma: Xavi Pascual.

Porque Pascual ha conseguido otra vez ensamblar una plantilla muy cara y muy profunda, por supuesto, pero que hace unos meses parecía contrahecha para el estilo de su entrenador. De jugar de pena a jugar un baloncesto casi perfecto, de sufrir en pista a divertirse, de tropezarse ante cualquier pedrusco a fluir en cascada. Pascual tiene a todos en perfecto orden de revista en el momento oportuno. Con su inconfundible seguridad defensiva y con un ataque que ha ido incorporando actores hasta hacerse coral. Y demoledor. Pascual también se puede apuntar el tanto como gestor: parece haber sabido llevar a Pullen, Hezonja, Abrines o incluso (veremos) Lampe, y está exprimiendo a jugadores que parecen ahora mejores que cuando cayeron en sus manos. El mejor ejemplo es Dorsey: sus tapones y sus mates ya estaban ahí, pero sus lagunas de concentración han desaparecido y sigue a pies juntillas el guión colectivo en defensa. El resto lo pone su descomunal físico.

El partido tuvo historia mientras el Barcelona se fue metiendo en harina: 14-15 al final del primer cuarto, 64-46 al final del tercero. El viejo Panathinaikos (al que el Barça ya domina 18-12 en duelos directos) sintió pronto que sus opciones de estar en cuartos no pasaban por el Palau y al primer vendaval blaugrana empezó a pensar en lo que le queda: Unicaja y en la última jornada, mejor ni imaginarlo, Olympiacos. Su quinteto inicial aguantó el primer pulso con un hiperactivo Ukic pero en realidad todo estaba en manos de un Barça que empezó muy fallón y que rompió el partido en cuanto empezó a meter tiros. Sin más: Diamantidis se quedó en 4 asistencias por 4 pérdidas y casi no hubo rastro de las armas con las que este mismo equipo llevó a cinco partidos infernales al Barcelona en los últimos cuartos de final. Sí en los nombres, no en las sensaciones. Ni la defensa y los tiros abiertos de Bramos y Maciulis, ni el músculo y los martillazos de Gist y Lasme. Lo dicho: un juguete con el que se divirtió el Barça (máxima ventaja 84-59, valoración final 102-55).

El único lunar del Barcelona fue, otra vez, el tiro libre (8/15). Por fuera pasó de cero a cien. Primero calentó Navarro (8 puntos seguidos con el descanso en medio para abrir la brecha definitiva: 47-32) y luego se unieron Pullen y un Abrines que dio un recital en el último cuarto. Las alegrías exteriores estaban permitidas por el dominio del rebote (43-32, 15-7 en el ofensivo), el control de las pérdidas (8-13) y una superioridad escandalosa cimentada por el extraordinario Tomic de los dos últimos meses (22 de valoración en 19 minutos) y  el mejor Lorbek de toda la temporada. Tiene tanto el equipo azulgrana que guardó balas en la recámara: Huertas, Oleson o Nachbar tuvieron un día de perfil bajo. Da lo mismo: el Barcelona es ahora mismo el equipo más en forma de la Euroliga y da la sensación de tener todavía una marcha más. Si la alcanza, será definitivamente tan favorito al gran título del año como cualquier otro equipo (Real Madrid, CSKA…). Difícil de creer en diciembre, una realidad incontestable hoy.

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