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El Bernabéu lloró antes de estallar de alegría con la Décima

AS AS 25/05/2014 Marina Romero
Los 80.000 madridistas vibraron con el gol de Ramos y tocaron el cielo con los de Bale, Marcelo y Cristiano. © F. Sevilla y J. A. Orihuela Los 80.000 madridistas vibraron con el gol de Ramos y tocaron el cielo con los de Bale, Marcelo y Cristiano.

El Bernabéu se llenó para ver la final. 80.000 espectadores que no pudieron ir a Lisboa se reunieron en el templo blanco para transmitir su apoyo desde la lejanía a los hombres de Ancelotti. Desde las cinco de la tarde el ambiente festivo se notó en los aledaños del estadio. Parecía un día de partido. De partido de los importantes. No venía el Bayern, el Barcelona o el Atlético, pero había banderas y bufandas ondeando al viento. La marea blanca que se fue adentrando en el estadio. Allí esperaba Miki Nadal que amenizó la espera hasta el pitido de Kuipers.

Antes de empezar el público dejó claras sus preferencias para héroe del partido. La atronadora ovación cuando nombraron a Cristiano resonó hasta en Lisboa. El resto del once también fue aclamado, pero el portugués tiene un lugar especial en el corazón del madridismo. También fue muy aplaudido Figo, ídolo blanco y embajador de esta final en Portugal. Después llegaron las emociones propias del partido.

La ocasión perdida de Bale dio paso a un breve lamento y a un nuevo despertar del graderío. Que enmudeció con el gol de Godín. Algunos se dedicaron a pitar a Casillas por su error, pero la mayoría les silenció. El Bernabéu, que ha vivido las grandes remontadas en las noches europeas, tiene más vidas que un gato. No perdió la fe y siguió con sus mensajes a Lisboa: “¡Sí se puede!”. Esa fe movió montañas, llegó hasta donde el Tajo besa al Atlántico. El gol de Ramos de cabeza dio alas. Los goles de Bale, Marcelo y Cristiano, hicieron pasar de las lágrimas al éxtasis. Fueron los goles de la Décima. Sus nombres ya están en el olimpo blanco. La celebración se apoderó del Bernabéu. El “Cómo no te voy a querer” se repitió una y otra vez. El estadio echó el cierre y la gente se fue rumbo a Cibeles. Fue una noche larga y, sobre todo, la noche más blanca.

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