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El cambio de estatus de Zidane

SPORTYOU SPORTYOU 03/11/2016 Julián Ávila
El cambio de estatus de Zidane © Getty Images El cambio de estatus de Zidane

Florentino Pérez siempre estuvo enamorado de Zinedine Zidane. Desde que llegó al Santiago Bernabéu y se puso la camiseta con el número cinco. El presidente del Real Madrid nunca se cansó de repetir que había fichado a un mago y en sus disertaciones técnicas ante los periodistas llegó a admitir que jugaría de líbero, el antiguo futbolista que desempeñaba la labor de escoba por detrás de los centrales, por la llegada de nuevas estrellas al equipo blanco por aquella época. La idea era mantener de modo sempiterno la señorial figura del galo sobre el campo.

Pero sus deseos no fueron correspondidos y antes de tiempo Zidane colgó las botas, sin haber agotado su contrato con el Madrid. El presidente intentó que siguiese ligado al club y solo la presencia de sus hijos en las categorías inferiores impidió que se rompiese el vínculo. Luego vino el estreno en el banquillo del Castilla y el parche en el primer equipo por la destitución de Rafa Benítez.

Zidane llegó hace casi un año como un mesías. Apagó el incendio entre el club y los jugadores y enganchó una racha de resultados que tuvo su momento más brillante con la consecución de la Champions League ante el Atlético de Madrid en Milán. El francés obtuvo el mejor paraguas posible: la Undécima. Una bula papal en la casa blanca. Un salvoconducto, pero... ¿hasta dónde?

En el Real Madrid de Florentino nadie está a salvo de la crítica. Zidane, por lo visto, tampoco. No lo van a admitir abiertamente, pero en la zona noble del Santiago Bernabéu las voces críticas contra el entrenador comienzan a dejarse oír. Incluso la del mandamás. El entrenador de la Undécima, el pacificador, el hombre que acercó el vestuario a la cuerpo técnico... empieza a sufrir el desgaste de sentarse en el banquillo del primer equipo del Real Madrid, sobre todo con resultados como el cosechado ante el débil Legia.

Los voceros de la casa blanca ya han comenzado a esparcir las dudas que está generando Zidane. Eso sí, con estilo y sin poner en duda su capacidad como entrenador. Pero rajan en privado. Y no tan en privado. También los jugadores. Pese a que el mensaje hacia el exterior pretende dibujar un escenario idílico la realidad es otra. La relación es buena, incluso muy buena. Las críticas son deportivas. Un año casi después el equipo no ha definido su estilo de juego y el entrenador no ha plasmado su sello de identidad.

El Madrid gana la mayoría de los partidos por su pegada descomunal, pero hay otras facetas que han ido a peor. Sobre todo en la parcela defensiva. El Real Madrid está concediendo mucho atrás y ha encadenado diez partidos sin dejar la portería a cero. Un dato tan cierto como que van líderes en la Liga, han asegurado el pase a la siguiente ronda de la Copa del Rey, al igual que tienen muy cerca los octavos de final de la Champions.

Los números le salen al Madrid, pero la imagen no es la mejor. Y eso genera inquietud en la zona noble. Ahora no se habla de excelencia pero quieren que el equipo dé espectáculo. De momento solo lo da por la incertidumbre en el marcador y por el arreón en los últimos minutos de los partidos, casi siempre con final feliz. Zidane no está en peligro pero ha perdido parte de esa inmunidad. Y eso sin perder. Cuando pierdan...

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