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El día que el destino jugó con Diego Costa

Goal.com Goal.com 30/07/2015 Fran Guillén
Diego Costa. © Getty Diego Costa.

En verano de 2011 Diego Costa se encontraba en una encrucijada. Tras pasar los últimos años cedidos en Portugal y España, había hecho grandes avances en la temporada previa en el Atlético de Madrid. Sin embargo, ya se había acordado un traspaso que habría dado un giro dramático a su carrera. No habría habido título de Liga con el Atleti, ni debate entre Brasil y España por llamarlo a filas, ni traspaso al Chelsea... El destino jugó su partido en esta ocasión, aunque no por primera vez.

27 de julio de 2011. Diego Costa ha jugado el papel de troyano durante tres semanas. Es el último entrenamiento del Atlético de Madrid antes del primer partido de pretemporada, un encuentro de clasificación para la Europa League contra el equipo noruego de Strømsgodset. Costa ha estado increíble. Su nuevo entrenador, Gregorio Manzano, ha quedado impresionado.

Durante un ejercicio rutinario de regate y disparo, Costa va a golpear la pelota y su pierna derecha gira mal y queda lesionado en su rodilla derecha.

Tras un primer examen médico en el Vicente Calderón, los diagnósticos no son buenos y Costa es trasladado de inmediato a la Clínica FREMAP para una resonancia magnética. Los resultados no podían ser peores: rotura de su ligamento cruzado con el menisco dañado. Necesidad de operar de inmediato. Seis meses alejado de los terrenos de juego. Quizá siete.

Paulo Assunção: "Le fui a visitar al hospital y estaba desanimado al principio, pero traté de apoyarle diciéndole que se recuperaría rápido y me dijo que no me preocupara por él. 'Tenía que ser así', me decía. Se negaba a que estas cosas le afectaran y hacía un esfuerzo por aceptar lo que había pasado. Tenía poco más de 20 años, pero tal y como hablaba podrías decir que era un tío ya en la treintena. Sabía tanto de todo... Lo aceptó e hizo que las cosas fueran mucho más fáciles".

Lo que la mayoría a su alrededor no sabía, incluyendo la mayoría de sus compañeros, es que Costa estaba cerca de abandonar el Atlético de Madrid cuando cayó lesionado.

Diego Costa, durante su etapa en el Atlético de Madrid. © Goal.com Diego Costa, durante su etapa en el Atlético de Madrid. El propio jugador recuerda la historia: "Antes del entrenamiento de aquella tarde, mi agente Jorge Mendes me llamó para decirme que me iba a Turquía. El club había aceptado una oferta del Besiktas y simplemente estaban esperando mi visto bueno. Hablamos por teléfono y quedamos en reunirnos después en el hotel. Fui a entrenar y me lesioné. Era algo serio, pero confiaba en Dios y creo que cada uno tiene escrito su propio destino. Así que mantuve la calma. Debía haber pasado por una razón. Es como si Dios me estuviese diciendo que no quería que me fuera a Turquía. Tuve que empezar de nuevo desde cero".

En lugar de un nuevo inicio en Turquía, Costa se embarcó en una aventura mucho más dura. Una que iba a tener que afrontar en solitario.

El mismo día de la operación, los compañeros de Costa vistieron camisetas con las palabras 'Ánimo, Diego' y firmaron una victoria contra el Strømsgodset en el Vicente Calderón. Dos goles de Reyes dieron ventaja al equipo por 2-1 en la ida de la eliminatoria. Los doctores Fernando García de Lucas, Gloria López y José Ramón Almoguera operaron satisfactoriamente la rodilla derecha de Costa.

Costa abandonó la clínica tres días más tarde. Debía tener la pierna inmovilizada y entablillada durante 10 días antes de que pudieran quitarle los puntos y empezar con la recuperación. Una vez le fueron retirados los puntos, empezó a trabajar en el agua para dar movilidad a sus articulaciones y ayudar en la curación de las cicatrices. La fase final incluiría los ejercicios con la bicicleta y de trote en el gimnasio antes de empezar a pensar a tocar la pelota de nuevo.

El proceso de recuperación fue bien. Óscar Pitillas, preparador físico del equipo, trabajó intensamente con Costa, que parecía acortar los plazos que habían sido establecidos por el equipo médico.

"Progresaba mucho más rápido que Asenjo por su fortaleza psicológica y un gran poder en sus piernas", se ríe Assunção. El portero Sergio Asenjo también se recuperaba de su operación en aquel momento, pero Costa pronto adelantó a su compañero y continuó su rehabilitación con el resto del equipo en el gimnasio. Incluso iba más allá y saltaba para caer en su pierna derecha. 'No hagas eso. Ten cuidado', le gritaban sus compañeros como padres preocupados.

Otra cosa que nadie sabía es que ya subía y bajaba las escaleras corriendo. Después de dos en dos o incluso de tres en tres. Pitillas le gritaba: '¿Quieres que me despidan o qué?'.

A medida que se acercaba enero de 2012, Costa estaba listo para regresar a los entrenamientos en el terreno de juego y volver al trabajo con normalidad. La única pregunta por contestar era ver en qué punto se encontraba.

Para alivio de Costa, la respuesta llegó en forma de llamada telefónica de José Ramón Sandoval, entonces entrenador del Rayo Vallecano: "Te he visto entrenar con el Atlético y te quiero en mi equipo. Confío en ti y deberías confiar en mí. Si vienes aquí, sacaré lo mejor de ti y serás una estrella en el Rayo".

Costa le respondió: "Nadie me había hablado nunca así. ¡Venga, vamos!"

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