Al utilizar este servicio y el contenido relacionado, aceptas el uso de cookies para análisis, contenido personalizado y publicidad.
Estás usando una versión más antigua del explorador. Usa una versión compatible para obtener la mejor experiencia en MSN.

El dinero es la conversación de los veranos del fútbol

AS AS 06/06/2014 Juan Cruz

Que me disculpe la realidad, pero no la soporto. La realidad es que, en el fútbol, el verano arrasa cualquier atisbo sentimental aposentado durante la temporada. Jugadores que han llorado por sus colores, cambian de colores; y aficionados que los queríamos mucho ya tenemos que querer a otros. Se produce en nosotros, los aficionados, una pena que dura lo que la felicidad, un suspiro, y ya pasamos a amar a otros. Los que defendíamos (y muy sinceramente) a Gerardo Martino, aquel caballero, ya hemos metabolizado el amor a Luis Enrique, y jugadores que hasta ahora eran nuestros adversarios, e incluso nuestros enemigos, empiezan a caernos tan bien que ya parecen de nuestra familia.

En medio, ay, se produce en estos tiempos (y desde hace mucho tiempo) una circunstancia que perjudica ese sano ejercicio inevitable del cambio de color de nuestros afectos: el dinero. Ahora Gerard Piqué le ha dicho al oído de Vicente del Bosque (y cuidado que es discreto el oído de Del Bosque) que se va Cesc Fàbregas. Le añadió, en la confesión grabada, el coste de esa marcha (para el Chelsea): 33 millones de euros. Los aficionados diremos que lo sentimos, y resultó evidente que lo sentía Piqué, pues son compañeros desde que eran niños, y desde niño tienen al fútbol como una de sus bellas artes. Pero, ah el dinero. No hace la felicidad, dicen, pero disminuye sin duda la capacidad sentimental del aficionado para la melancolía.

No es que no me dé pena que se vaya Cesc del Barça, claro que me da pena; el Barça no ha sabido administrar su energía, vino a decir Piqué, y es cierto; en sus temporadas como azulgrana lo usaron para un roto y para un descosido, lo tuvieron transitando de la nada a la más absoluta miseria, y cuando parecía que se elevaba sobre esas dificultades del tránsito de las estrategias y las tácticas, lo volvían a convertir en carne de banquillo. Y así no había manera, como se puede comprender muy bien. El resultado ha sido este traspaso alertado por Piqué y alentado, sin duda, por la directiva. Si en el Barça no servía y el Barça ha sido capaz de venderlo por tanto dinero (no tanto como el que recibió del Madrid el ya testimonial Illarramendi) es que el que va a recibir a Cesc sí confía en él; y ese hombre es Mourinho, que con un ojo sueña con el Barça y con otro sueña con el Madrid, en ambos casos con su punta indudable de pesadilla.

La salida. Me gustó la respuesta del seleccionador Del Bosque a la confesión de Piqué: “Vais a volver loco a vuestro presidente, pobrecito”. Pues sí, a Bartomeu se le está poniendo cara de pobrecito, no sé si de loco; su lapsus del otro día (esta vez consciente, ante los micrófonos abiertos) sobre Alves esconde lo que resulta evidente: que se va el brasileño. ¿Suspiraré por él? Quizá no. En realidad, ya veo tanto enjuague, tanto dinero en liza, que sentir la marcha de un futbolista o su ingreso es algo que interrumpo en verano, porque esta es la estación del dinero, no la estación del romanticismo.

Gestión anuncios
Gestión anuncios

Más de AS

image beaconimage beaconimage beacon