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El escándalo de Bahrein para engordar su medallero

ABC ABC 18/08/2016 A. S. Moya

La campeona olímpica Ruth Jebet, nacida en Kenia hace 19 años y con nacionalidad bahrainí desde 2013 © AFP La campeona olímpica Ruth Jebet, nacida en Kenia hace 19 años y con nacionalidad bahrainí desde 2013 En los Juegos Olímpicos de Amberes 1920, el nadador belga Victor Boin fue el encargado de prestar el primer Juramento Olímpico de la historia. Escrito por el fundador de los Juegos Olímpicos modernos, Pierre de Coubertin, el alegato esgrimía lo siguiente:

«Juramos que tomaremos parte en la Olimpiada, en leal competencia, respetando las reglas que la gobiernan y el deseo de participar en ella con verdadero espíritu deportivo, por el honor de nuestra patria y por la gloria del deporte».

Con el paso de los años varias modificaciones fueron introducidas hasta llegar al actual. Así por ejemplo, «jurar» dejó paso a «prometer», emergió la palabra «dopaje» y el término «patria» fue sustituido por «equipo»:

«En nombre de todos los competidores, prometo que participaremos en estos Juegos Olímpicos, cumpliendo y respetando con sus reglamentos, comprometiéndonos a un deporte sin dopaje y sin drogas, con verdadero espíritu deportivo, por la gloria del deporte y el honor de nuestros equipos».

Cargado el mensaje de simbolismo, la desaparición paulatina del término «patria» parece abordar la creciente aparición de otra controversia evidente: la nacionalización de atletas. Deportistas que compiten bajo una bandera diferente a la de su país de origen, y, que en el caso de Bahrein, conforman más del 80% de la delegación que estos días en Río trata de engrosar su medallero.

Con los Juegos a pleno rendimiento, el pasado lunes, Ruth Jebet lograba el oro tras brillar con luz propia en la final de 3.000 obstáculos. Días antes, Eunice Jepkirui Kirwa conseguía la plata en el maratón femenino. Ambas, además de nacionalidad, comparten país de origen: Kenia. Y ambas han situado a este país del Golfo en el puesto 42º del medallero. Toda una proeza para un país que apenas ha enviado 35 atletas a la ciudad carioca.

Precisamente, del total de 35, diez son keniatas, siete etíopes, seis nigerianos, tres marroquíes, dos jamaicanos, un ruso... y apenas seis bahreiníes. Un crisol de razas logrado gracias a un reglamento más laxo en atletismo que en otros deportes —de los 29 nacionalizados, solo uno compite en otra disciplina—, y al poder económico que atesora el pequeño estado, situado en el puesto 187 en la clasificación de países por superficie.

Kenia Vs «Kenia»

Por apenas un segundo, Ruth Jebet no pudo marcar un nuevo récord mundial en los 3.000 obstáculos. La atleta tomó la delantera después en la segunda vuelta y marcó un vertiginoso ritmo para marcar un tiempo de ocho minutos y 59,75 segundos, muy cerca del récord mundial de 8:58.81. Casualidades de la vida, el segundo escalón del podio estaba revervado para otra keniata, la corredora Hyvin Kiyeng Jepkemoi, quien en este caso si competía por su país de origen.

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