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El hombre escoba Difícil de entender

MundoDeportivo.com MundoDeportivo.com 23/04/2014 null

Sin duda alguna, la noticia de la semana pasada en torno a la Real Sociedad fue el anuncio por parte del club de la renovación del contrato del entrenador Arrasate por dos temporada más. Llevábamos esperando dicha confirmación algunas semanas, y la demora había comenzado a alentar teorías respecto a unas posibles diferencias, que podrían hacer peligrar la consecución de un acuerdo. Un par de meses atrás, probablemente nadie habría puesto en tela de juicio lo acertado de la decisión, pero ya se sabe que la historia del fútbol ser escribe cada día, cada hora, en función de una realidad inestable y cambiante , y que se encuentra íntimamente relacionada con los resultados de cada fin de semana. Y estos no habían sido especialmente espléndidos en las últimas semanas; el rendimiento del equipo había sufrido una evidente y preocupante merma, lo que había derivado, casi inevitablemente, en una crisis de resultados y en el deterioro de la imagen del equipo. El diagnóstico parecía claro: el equipo estaba agotado y pedía a gritos un descanso. Pues bien, en ese escenario particularmente delicado decide el Consejo comunicar el acuerdo con el técnico.

Precisamente antes del partido contra el Espanyol, la popularidad de Arrasate atravesaba por su momento más bajó, por lo que la resolución del Consejo pudo llamar más la atención del personal. Hubo quien afirmo que no era el momento más apropiado, por las razones expuestas, para hacer público el acuerdo; esto no hacía sino poner de manifiesto ese punto de desconfianza que algunos mantienen hacia la persona de Arrasate, comprensible al comienzo de la campaña, aunque menos consistente a día de hoy, si analizamos los resultados obtenidos.

Insisto, la fecha de la comunicación parecía cogida con pinzas, pero obedecía a una perfecta estrategia, y que no tenía por objeto otra cosa que la constatación de que desde el club la confianza en el técnico es total y absoluta, al margen de unos resultados puntuales, y que, en modo alguno podían emborronar el expediente brillante de Arrasate a lo largo de una temporada especialmente exigente y normalmente inclemente con los principiantes. Aperribay y su gente midieron perfectamente el alcance de su estrategia, y decidieron mover pieza precisamente en ese momento comprometido, justo cuando el entrenador, y por extensión el equipo, más necesitaban un reconocimiento a su trabajo. ¿El resultado? Una sensación de estabilidad y equilibrio emanados de la coherencia con que este Consejo ha manejado hasta el día de hoy el asunto de los entrenadores del primer equipo. Y si no, baste recordar lo sucedido el pasado año, precisamente a la conclusión del partido contra el Espanyol en Anoeta, con un Montanier atravesando por el momento más comprometido desde su llegada a la Real. Lo que vino a continuación lo recuerdan perfectamente todos los seguidores de la Real Sociedad.

Obviamente lo de la victoria frente al Espanyol no tiene nada que ver con todo lo que estamos comentando, o ¿tal vez si?

No se trata de ningún serial, por cuanto la primera vez que me refería esta cuestión no tenía en mente volver a ocuparme de ella, pero es que la capacidad de este hombre -me estoy refiriendo, por supuesto, a Markel Bergara- para sorprenderme jornada tras jornada, parece no tener límites. Sin ir más lejos, el pasado sábado volvió a firmar frente al Espanyol otra de esas actuaciones completas a las que nos viene acostumbrando desde hace ya algún tiempo. La gloria, los honores y la ovación quizá se la lleven otros, pero Markel siempre podrá marcharse a casa satisfecho por el trabajo bien hecho, y por haber contribuido de manera notable a la consecución del triunfo. Y si insisto en reconocer los méritos de este hombre es porque todos sabemos de dónde ha venido, por lo que ha pasado y los obstáculos que ha debido sortear para llegar hasta aquí. Mi enhorabuena doble

Sigo sin comprender muy bien comportamientos como el de Rubén Pardo en una de las últimas jugadas del partido frente al Espanyol, cuando forzaba la amonestación por pérdida deliberada de tiempo. Vale que en esos momentos estaba defendiendo los intereses de su equipo, pero debía ser perfectamente consciente de que estaba ya apercibido de suspensión, y que aquello le iba a costar un partido de sanción. Lo que hizo era correcto, no lo discuto, pero me pregunto, ¿es que no había nadie en el equipo que pudiera hacerlo sin riesgo de suspensión? Sin ir más lejos, tenía a su lado en ese momento a Seferovic, que podría haber realizado esa labor sin el riesgo inminente de una suspensión. Días atrás recriminábamos una acción similar del defensa José Ángel, y ahora se repite el comportamiento. De verdad, no lo entiendo. ¿Acaso el partido frente al Betis no es en estos momentos el más importante de la temporada?, ¿a qué viene pues borrarse de esta manera?

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