Al utilizar este servicio y el contenido relacionado, aceptas el uso de cookies para análisis, contenido personalizado y publicidad.
Estás usando una versión más antigua del explorador. Usa una versión compatible para obtener la mejor experiencia en MSN.

El laberinto del Real Oviedo

Marca Marca 09/05/2014 Un reportaje de Alberto Ortega y Jaime Rincón. Oviedo

Se abren las puertas del estadio de par en par. Recorremos sus entrañas mientras dejamos atrás paredes empapeladas con leyendas del club que nos conducen al terreno de juego. La luz nos descubre un Carlos Tartiere vacío, vestido con sus mejores galas para una ceremonia que no termina de llegar. El ascenso no aparece y el nuevo escenario se impacienta y mira con recelo hacia el Campo de Buenavista. Allí, un centro comercial enterró el viejo Carlos Tartiere y con él, los tiempos de bonanza en los que el Oviedo disfrutaba de la élite del fútbol español.

Una etapa en la que Diego Cervero, símbolo del actual club asturiano, capitán y delantero centro del primer equipo, recuerda con una mezcla de nostalgia y envidia. "El único objetivo es volver a donde no tuvimos que salir nunca, que es la Liga de Fútbol Profesional. A veces que lo pienso, hay generaciones que no vieron al Oviedo en Primera y eso es un mal y tenemos que intentar que esas generaciones no pierdan ese oviedismo".

Eran otros tiempos, en los que el aficionado carbayón disfrutó de un equipo que se instaló con una inusitada naturalidad en la zona noble del fútbol español. Desde aquel 4 de junio de 1988 en el que el Oviedo consuma el ascenso a Primera División en el Luis Sitjar, un sinfin de éxitos y fracasos han golpeado al club asturiano por igual. En 25 años la ciudad ha experimentado todos las situaciones posibles. De jugar la Copa de la UEFA a sufrir en campos de tierra de Tercera División y luchar contra la desaparición.

19 de septiembre de 1991. El Oviedo juega por primera vez en su historia y gana al Genoa en el viejo Carlos Tartiere. Ricardo Bango es el autor del gol. "Es la suerte de estar en el momento adecuado. Y se podrán meter muchos goles, pero ese es el primero". Y, a día de hoy, el único que ha vivido la ciudad (Carlos marcó en la vuelta) desde entonces.

Eran años de gloria, donde grandes jugadores, de fuera y de casa, generaban tardes para el recuerdo en Buenavista, como recuerda Carlos Muñoz. "Fue una época dorada, en el sentido de que yo creo que el equipo jugaba muy bien al fútbol, la gente disfrutaba, estábamos en primera, estuvimos un año y medio sin perder en casa, jugamos la UEFA... fueron años para recordar toda la vida".

Se entró, sin embargo, en una dinámica negativa repleta de malas decisiones que hicieron al Oviedo darse de bruces con la realidad. Primero llegó el cambio de estadio, algo que pudo influir en el inesperado descenso en el 2001. "Decía Luis Aragonés, jaula nueva, pájaro muerto. Y creo que fue lo que ocurrió. La gente estaba muy identificada con ese campo", apunta Armando, ex lateral del conjunto carbayón.

Llegó el descenso, curiosamente en Mallorca, testigo del ascenso 13 años antes. A Ivan Ania, presente en aquella aciaga tarde, aún se le tuerce el gesto al recordarlo. "En ningún momento creo que tuvimos opciones de ganar ese partido. Cuando acaba te vienes abajo y piensas que un año entero tirado por la borda".

La afición sostiene al club
Un descenso que, como subraya el corresponsal de MARCA Chisco García, nadie esperaba que trajera consecuencias fatales para la entidad. "Lo que no esperamos nunca nadie es que en aquel partido, y pese a aquel disgusto que nos llevamos... era lo que nos esperaba. Lo que venía después. Nos parecía una catástrofe bajar a Segunda División A y ahora lo vemos como un sueño".

De ahí al intento de refundación del club por parte del ayuntamiento en 2003 o a la ampliación de capital liderada por los aficionados en la que entró el Grupo Carso del mexicano Carlos Slim, manos en las que se encuentra el futuro del club en la actualidad. Y ahí está el Oviedo, intentando sobrevivir, asomando la cabeza en cada golpe que recibe, con un instinto de supervivencia que, como esperan todos, les lleve hasta el lugar que le corresponde. "Este club tiene que estar arriba. Yo sé que va a tardar a lo mejor un poco más o un poco menos pero este club tiene que estar arriba porque es grandioso". La certeza de Carlos es la de cualquier corazón azul. Un corazón que late con más fuerza que nunca ante las dificultades.

Más vídeos aparte del reportaje principal:

[Video. La maldición del Nuevo Carlos Tartiere]

Gestión anuncios
Gestión anuncios

Más de Marca

image beaconimage beaconimage beacon