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El mitificado 'Che' de la NBA es el jugador más guarro... el que nunca se duchaba

Marca Marca 02/10/2015

Adam Morrison © Marca Adam Morrison Adam Morrison pasa por ser uno de los personajes más singulares que ha pisado la NBA en las últimas décadas. Su famoso 'look' con la melena y el bigote, su fulgurante carrera universitaria, las ideas políticas, mezclada con sus gustos musicales, y la diabetes de la que se convirtió en imagen le valieron para convertirle en todo un personaje que trascendió sus logros en las canchas.

Unas pistas a las que llegó como una de las grandes promesas del baloncesto universitario, tras promediar más de 28 puntos por partido en su último año con Gonzaga. Sus números le valieron comparaciones con Larry Bird y fueron más que suficiente para que Jordan se la jugara por él y le escogiera con el número 3 del draft de 2006.

Fue el momento algido de una carrera que nunca cumplió con las expectativas generadas, a pesar de verse coronada con dos anillos de la NBA como actor de reparto en los Lakers de Kobe Bryant y Pau Gasol. A partir de entonces, dos aventuras esporádicas en Europa antes de volver a su 'alma mater' como asistente en el banquillo.

Un nombre que se convirtió en un símbolo y del que ahora se ha descubierto su cara menos conocida y más 'sucia'. Lo ha hecho el que fuera su compañero en los Bobcats, Jared Dudley, en el Media Day de los Wizards, cuando le preguntaron sobre el compañero peor vestido o el más desagradable.

"Adam Morrison", contestó el alero sin vacilar. "¿Se acuerdan de Adam Morrison? Nunca se duchaba tras los partidos o los entrenamientos, siempre mascaba tabaco y lo escupía en cualquier lado y apenas usaba tres polos durante todo el año. En esa época era un jugador que ganaba mucho dinero (17 millones de dólares en contratos NBA), era la imagen de la diabetes y era portada de muchos juegos universitarios y revistas, pero era de largo el jugador más desagradable de la NBA"

"Él todavía jugaba cuando yo estaba en Charlotte. Esa es la cuestión, él jugaba. Es cierto que luego se rompió el ligamento cruzado y ya no jugó, pero cuando yo estaba allí él jugaba casi 30 minutos por partido. Gerald Wallace tenía que obligarle a ducharse. ¿Te imaginas? ¿Obligar a ducharse a un hombre adulto? Él debería estar avergonzado por aquello", concluyó el actual jugador de los Wizards, en una de las confesiones más crudas de la última época de la NBA.

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