Al utilizar este servicio y el contenido relacionado, aceptas el uso de cookies para análisis, contenido personalizado y publicidad.
Estás usando una versión más antigua del explorador. Usa una versión compatible para obtener la mejor experiencia en MSN.

El Mundial también se juega en las playas de Río de Janeiro

AS AS 13/06/2014 Aritz Gabilondo

Copacabana e Ipanema ya vibran con el Mundial. Las dos principales playas de Río de Janeiro reciben desde el pasado fin de semana a numerosos turistas ataviados con camisetas y banderas de sus equipos. Han pasado varios días deseando que comience el torneo y por fin disfrutan de aquello que les ha hecho viajar hasta Brasil. El plan de sol, playa y buen ambiente es el ideal para cualquiera que venga desde lejos, da igual la procedencia.

Desde el paseo marítimo de Copacabana ya se percibe el clima mundialista. En las terrazas un grupo de mexicanos, todos de verde y alguno incluso con un sombrero mariachi, grita aquello de “¡Mé-ji-co! ¡Mé-ji-co”. Brindan después con sus cervezas mientras esperan una moqueca capixaba, una especie de cocido de pescado que deja un buen aroma cuando se sirve. “Hay que improvisar”, nos comentan.

En la arena la cosa va más allá. La hilera de campos de fútbol y de voleibol ocupa casi todo el paseo marítimo por la parte interna, la de la playa. Es difícil ver uno vacío, sobre todo de fútbol. Por eso los hay que incluso montan los suyos improvisados con chanclas haciendo de porterías, como toda la vida. Imitar a sus ídolos, al menos en cuanto a intenciones, es más fácil cuando después de una chilena es arena lo que espera en la caída.

Se mezclan. Mientras el sol y los 30 grados pegan con fuerza hay una sensación de calma generalizada. Se escucha a un grupo de croatas animar a su selección desde el agua y una pareja de colombianos pasea por la orilla de la mano y de amarillo, obviamente. Los debates sobre quién debe jugar y quién no en sus diferentes equipos les ocupa el tiempo.

En la playa es más fácil tratar de hacer las chilenas y voleas que los profesionales muestran sobre el campo. A alguno incluso le sale bien. © Aritz Gabilondo En la playa es más fácil tratar de hacer las chilenas y voleas que los profesionales muestran sobre el campo. A alguno incluso le sale bien.

Sin embargo, según pierde fuerza el sol comienza de verdad la interacción. Los chilenos han traído un balón y montan una pachanga. Se une un grupo de ingleses. Entran también brasileños locales, seguramente acostumbrados a participar en este tipo de partidos improvisados todos los días del año. Los croatas son los más brutos: lo intentan pero enseguida ven que su verdadero lugar está en los chiringuitos montados en plena arena. Este es otro tipo de negocio que ha sabido adaptarse bien al Mundial. Algunos vendedores han decidido instalar improvisadas barras de bar en medio de los grupos de aficionados, de modo que estos no tengan que desplazarse hasta el paseo para consumir sino que cuenten con la facilidad de hacerlo casi en sus toallas.

Y resulta que los más listos son los croatas, pues una vez concluye el partidillo todos van hacia esa zona, en la que un trío de músicos anima a la gente tocando los timbales. Entonces sí empieza de verdad el ruido. “¡Chi-chi-chi, le-le-le! ¡Viva Chile, oé!”, animan con fuerza los chilenos. Les siguen los argelinos. También los colombianos. Y por supuesto los croatas, a los que los camareros motivan para que canten y así sigan consumiendo cerveza. Es el Mundial. Y ya está aquí.

Gestión anuncios
Gestión anuncios

Más de AS

image beaconimage beaconimage beacon