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El primer fan de Adrià

Logotipo de MundoDeportivo.com MundoDeportivo.com 26/04/2014 Carlos Pérez de Rozas

Desde que dejó de ser el entrenador del Barça -una de sus pasiones- por culpa de su enfermedad, Tito Vilanova fue un seguidor más desde la grada del juego de su hijo Adrià en el Juvenil B azulgrana. Desde el máximo respeto, el que merecía su entrañable figura, le hemos podido ver emocionado, no sólo en la Ciutat Esportiva Joan Gamper, sino también en diferentes campos catalanes, siempre acompañado de su querida Montse -que no se separaba ni un segundo de él-, su familia, los familiares y amigos de los compañeros del equipo, los seguidores culés, y los aficionados de los equipos rivales.

Ha sido un ejemplo ver cómo seguía con su mirada a Adrià en Badalona, en Mollet, o hace pocas semanas en L´Hospitalet, entre otros lugares, y cómo celebró con los suyos, con la más estricta discreción, los seis goles que su central preferido ha marcado esta temporada. Seguro que se sintió muy orgulloso cuando su hijo le dedicó el gol -con un gran cabezazo- que marcó ante el Manlleu. Ese día, el Juvenil B ganó 1 a 0 gracias a su testarazo en uno de los terrenos de la Ciutat Esportiva.

Llevo tiempo siguiendo a ese equipo de niños, ahora jóvenes, desde que empezaron con seis años en la Escuela de Formación del Barça. Cuando entrenaba al mejor Barça de la historia, primero con Pep Guardiola y después con Jordi Roura, Tito no tenía tiempo para poder ver jugar a su hijo. Seguro que lo lamentaba. Últimamente, libre por culpa de su enfermedad, tuvo el extraordinario valor, la fuerza, de acudir a dar todo su apoyo a Adrià hasta el último momento.

Lo he dicho muchas veces y repito: el fútbol es un deporte maravilloso. Tito se entregó a él desde su juventud como futbolista, hasta su exitosa, pero desgraciadamente corta, carrera como entrenador. Se lo ha dado todo. Absolutamente todo. Ha sido formidable. Al final, el fútbol, que es muy generoso, aunque no tanto como él, le devolvió parte de ese amor por su profesión. Fue el reconocimiento, desdeuna distancia respetuosa, de los aficionados que acuden cada fin de semana a los partidos que disputan las jóvenes promesas.

Seguro que habrá sentido el calor y la admiración que despertaba cuando acudía a presenciar desde un rincón ese fútbol base que tanto le interesaba. Sentado en el hormigón duro. Tranquilo. Con su inseparable gorra. Feliz de estar con su familia. Observando desde su gran conocimiento técnico y táctico las evoluciones de uno de los suyos. Era el primer fan y, también con su honestidad, el primer crítico. Acabado el partido esperaba pacientemente al volante de su coche la salida de Adrià. La familia primero. El fútbol lo segundo.

A Tito ya no le veremos cuando sigamos al Juvenil B, y tal vez la temporada que viene al Juvenil A. ¡Todos le encontraremos a faltar muchísimo! Los azulgrana y los que no son culés, pero aman el fútbol. Esas personas anónimas que acuden a ver jugar a los chavales que quieren llegar a ser estrellas o simplemente a disfrutar haciendo deporte. Le recordaremos cada vez que nos sentemos a ver un partido.

Desde aquí un abrazo grande a Montse, a Carlota, a Adrià, a toda su familia. Tan grande el abrazo como grande ha sido Tito para todos nosotros. Suelo utilizar muchas veces el calificativo 'colosal'. Nunca mejor repetirlo hoy para definir a Tito. Fue colosal como persona, como deportista, como entrenador... y como padre.

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