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El rugido de motor de la guitarra de George Harrison

Logotipo de SPORTYOU SPORTYOU 21/12/2016 María Carbajo
El rugido de motor de la guitarra de George Harrison © Getty Images El rugido de motor de la guitarra de George Harrison

'Más rápido que una bala, más rápido que nadie. Más veloz que un parpadeo, como un destello... Nadie sabe cómo lo hace pero es verdad lo que dicen: es el maestro de ir más rápido'.  Así dice el estribillo de 'Faster', la canción que George Harrison dedicó a su otra pasión: la Fórmula 1.

"En los 60 era de las personas más famosas de la tierra y, sin embargo, era el más modesto cuando acudía a un Gran Premio. Y lo hacía porque amaba las carreras más que nadie que yo conociera", dijo del Beatle el bicampeón Emerson Fittipaldi, quien comparte pasión y patillas con Harrison en la foto que ilustra este texto.

Y razón no le faltaba. La afición de Harrison por la F1 comenzó mucho antes de que todo el universo supiera su nombre: con 12 años acudió al Gran Premio de Gran Bretaña y ya nadie logró arrebatarle la emoción que se siente al oír un rugido de motor. Con 14 años regresó al circuito de Aintree, apenas un año antes de unirse a The Quarrymen y poner la primera piedra de la gran leyenda que después construirían aquellos chicos de Liverpool.

Una vez disueltos los Beatles, tras los 10 años más productivos de la historia de la música, Harrison, que como artista en solitario reventó las expectativas a golpe de genialidades, encontró de nuevo tiempo para dedicar a su pasión. Así, durante la segunda mitad de los 70 era habitual verle por los circuitos del mundial y labró buenas amistades, especialmente con Jackie Stewart.

En 1979, dentro de su álbum homónimo, el ex Beatle lanzaba la mencionada 'Faster', un homenaje a todo el Gran Circo de la Formula 1 e inspirada por el propio Stewart, una oportuna conversación con su también amigo Niki Lauda y los malogrados Ronnie Peterson y Gunnar Nilsson.

'No hace falta preguntarse por qué su esposa sostiene sus miedos. Muy pocos se han atrevido incluso a intentar hacer realidad sus sueños', concluye el tema, que versa sobre lo complicado de lograr triunfar en un mundo tan competitivo y peligroso como es la Formula 1.

George Harrison posa en el McLaren de James Hunt

Los periodistas que recorren el mundo tras el rastro de alerones y gasolina cuentan de Harrison que nunca se aprovechó de su condición. Más allá de poder disfrutar del ambiente del paddock, nunca ejerció su papel de estrella para colarse en la foto. Se dedicaba a sentarse en un rincón y disfrutar de las carreras, siempre interesado en el bienestar de los pilotos cuando soltaban los pies del acelerador.

Así era George. 'The quiet one' (el tranquilo). Fascinaba a cualquiera incluso cuando trataba de pasar desapercibido. Como las grandes leyendas inmortales en el motor, él dejó un legado irrepetible en la música y fue feliz con sus pasiones, aunque su vida se esfumara casi tan rápido como vuela un Fórmula 1.

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