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El Santuario de Pantani

Marca Marca 24/05/2014 Enrique Bernaola · Rivarolo Canavese
Photo © Proporcionado por marca.com Photo

El verdadero homenaje de este Giro de Italia a Marco Pantani en el décimo aniversario de su muerte tendrá lugar este fin de semana con dos importantes y decisivas etapas de montaña. Pero es la de hoy, la del final en el Santuario de Oropa, donde se recuerda una de las mayores gestas de este malogrado genio de la bicicleta. Allí es donde alcanzó una de sus últimas cimas como ciclistas antes de descender a los infiernos que finalmente acabarían con su vida.

Hace ya 15 años de todo aquello. Fue en la edición de 1999 y la gesta duró 23 minutos y 23 segundos. El Pirata defendía la 'maglia' en la salida de la decimoquinta etapa en Racconigi. "Era un día normal que afrontábamos con total tranquilidad", recuerda Giuseppe Martinelli, entonces su director de equipo en el Mercatone Uno y hoy a los mandos del Astana. Pero de repente todo cambió. El ciclista tuvo un percance justo antes del momento crucial, a los pies del Oropa. Su cadena se salió y el italiano tuvo que echarse a un lado para volver a colocarla. "Ninguno contábamos con esa avería. Sabíamos que un accidente así podía costar caro", continúa el que era su jefe.

Pero lo cierto es que caro les salió a sus rivales. Pantani, que rodó sólo unos metros porque sus compañeros no se habían percatado, empezó a escalar posiciones. Comenzaba una remontada impensable para sus rivales, que no dudaron en atacar en cabeza para evitar el bombardeo que se producía un poco más abajo. "Cuando vimos que iba alcanzando a ciclistas no daba crédito, no me podía creer lo que estaba viendo. Creíamos que era imposible ganar", dice Martinelli. Por delante, y a la desesperada, Roberto Heras se iba en solitario.

Pero poco duró. Sonaban tambores de guerra unos metros más abajo. También los escuchó Jalabert, que decidió dar un arreón que le haría superar a Heras y convertirse en nueva cabeza de carrera. Pero el destino estaba marcado. Pantani seguía deborando corredores. Una auténtica apisonadora, un martillo eléctrico, un genio. El francés no se lo podía creer. "Cuando vi llegar a Pantani me aparté para que no me pisara", confesaría después. A tres de meta ya era el rey de la montaña. Pero, no conforme con ir liderando la etapa, siguió apretando los dientes para ensanchar su 'maglia'.

Llegó a meta y ni siquiera lo celebró, para desconcierto de los aficionados. La explicación era más simple de lo que parecía. "Pensaba que no había ganado, por eso no levantó los brazos. Creyó que habría llegado algún escapado antes que él y no quería hacer el ridíciulo", nos narra Martinelli, que no duda en afirmar que, para él, aquel día Pantani consiguió "una de las victorias más importantes de su carrera. No por el triunfo en sí, sino por cómo sucedió todo". El ciclismo vive de hazañas y aquel día tuvo lugar una de ellas. "Después de cruzar la meta me dijo que no sabía que iba primero y que había sufrido mucho a partir de la avería mecánica. Esa noche en el hotel tuvimos una gran fiesta", recuerda el que fue su jefe.

Pero la resaca de aquella fiesta y de las que vinieron después, con las victorias en Alpe di Pampeago y Maddona di Campiglio, fue muy dolorsa. El 5 de junio, justo un día antes de subir a lo más alto del podio de Milán y conquistar el que hubiera sido su segundo Giro, un control antidoping le mandó para casa. Había superado la tasa permitida de hematocrito en una muestra de sangre. Pantani no se lo podía crear. El enfado le llevó a romper el espejo de su habitación de un puñetazo y todo su equipo en bloque decidieron, en honor a su líder, irse también de la carrera. "Aquello comprometió la carrera y la vida de Pantani. Madonna di Campiglio cambió su vida, ahí empezaron sus problemas", lamenta Martinelli. Unos problemas que llevaron a encontrarle sin vida el 14 de febrero de 2004 en una habitación de hotel en Rímini.

Su espíritu estará hoy presente en el Giro. Una dura jornada que comenzará en Aglié y contará con 164 kilómetros. Pero todos coinciden en que la gran dureza no estará en el final en Oropa. Antes hay que pasar un puerto como Alpe Noveis, de primera categoría, donde se hará una importante selección. Casi 10 kilómetros de subida con pendientes que se van hasta el 16 por ciento. Y, casi sin descanso, tras su descenso comenzará Bielmonte, de segunda, pero con casi 20 kilómetros de subida. Un puerto que terminará de romper la carrera antes de afrontar la subida final al Santuario, de unos 11 kilómetros de ascensión y rampas del 13 por ciento en su parte media antes de llegar al último tramo con desnivel medio del 7,5.

Para muchos comienza hoy el Giro de Italia y la primera gran defensa de la maglia por parte de Urán. Majka, Pozzovivo y Quintana están obligados a ir al ataque si quieren reducir la diferencia, mientras que Evans podría esperar acontecimientos. Y no se descarta que llegue una etapa. Mikel Landa podría tener hoy su día como nos dijo ayer Martinelli: "Al principio estará un poco con Aru, pero luego tiene carta blanca. Atacará", dijo tajante el director del Astana, que tiene grandes esperanzas para el corredor vasco. "Seguramente ganará una etapa en este Giro. Creo que el futuro del ciclismo también pasa por él".

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