Al utilizar este servicio y el contenido relacionado, aceptas el uso de cookies para análisis, contenido personalizado y publicidad.
Estás usando una versión más antigua del explorador. Usa una versión compatible para obtener la mejor experiencia en MSN.

El trauma de Mou

MundoDeportivo.com MundoDeportivo.com 28/05/2014 Xavier Bosch

Lo había conseguido con el Porto y con el Inter y creyó que, con una plantilla mucho mejor, como era la del Real Madrid, también lo conseguiría. Y fracasó. Un año por el campanazo de Messi en el Bernabéu, otro por el penalti a las nubes de Sergio Ramos y, por último, el póquer de goles de Lewandosky le privaron incluso de llegar a ninguna de las tres finales.

Él vendía como un éxito personal llegar a las semis porqué, antes de su llegada, al Madrid le apeaban mucho antes. Florentino le fichó para ganar la décima y fracasó. En tres años, una Liga y una Copa. A pesar de su pobre balance, cuando el portugués, de mútuo acuerdo con su presidente, decidió rescindir su contrato con el Madrid, lo celebré. Pensaba que, para el Barça, su marcha era una buena notícia. Su forma de ser nos había desquiciado (a jugadores, prensa y afición) y, a nivel de resultados, tras haber empezado encajando un 5 a 0 en el Camp Nou, con el tiempo había encontrado el antídoto para derrotar al Barça, incluso en nuestro estadio.

En Les Corts había sentenciado una Liga y, al año siguiente, nos había apeado de la Copa con sendas exhibiciones de un fútbol trabajado atrás y con un contragolpe mortifero. Pensé, también, y así lo escribí en MD, que costaba mucho que en los equipos que dejaba Mourinho volviera a crecer la hierba. El último precedente, el Inter, era el ejemplo más claro de esa teoría. De campeón a batacazo. Mou había dejado, como herencia, un equipo futbolísticamente roto y físicamente desgastado.

Pues bien, no me duelen prendas en reconocer que, en el caso del Madrid, fallé el pronóstico. Una Copa ganada al Barça y la épica final de Lisboa me quitan la razón. Mi pecado, pues, quedará para siempre en la hemeroteca de este periódico. La paradoja es que el trauma de Mou, de ver al Madrid levantar la Décima sin él, también es el mio.

El artículo de hace un año -tan recordado estos días en twitter por algunos aficionados merengues- quizá lo escribí demasiado desde el deseo. Y olvidé -lección número 1- que como decía Guardiola, "el Madrid no necesita jugar bien para ganar".

Esta es una gran diferencia con el Barça. Y -lección 2-, también a diferencia nuestra, el Madrid no necesita ganar la Liga para ganar la Champions. Aquí, para levantar cualquiera de las cuatro Copas de Europa hemos tenido que practicar un fútbol de relumbrón y ser los mejores en España y en el continente. Este año no ha sido el caso y así nos ha lucido el pelo.

A partir de ahora, y para no pillarse los dedos, a la hora de publicar profecías deportivas, va ser siempre mejor aplicarse la prevención del entrenador Roy Atkinson que, en la rueda de prensa de la víspera de una final, soltó una gran verdad: "Estoy en condiciones de dar un pronóstico: puede pasar cualquier cosa".

Gestión anuncios
Gestión anuncios

Más de Mundo Deportivo.com

image beaconimage beaconimage beacon