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El Valencia Basket despega, el Barcelona se desvanece

AS AS 13/06/2014 Juanma Rubio
© Alejandro García

El Barcelona regaló el tercer partido y ni siquiera salió a jugar el cuarto. Total: 2-2, cuatro triunfos visitantes en cuatro partidos y una serie tan extraña como simétrica: un triunfo claro por bando en el primer choque y el cuarto y dos ajustados en el segundo y el tercero. Lo nunca visto: el Valencia llegó Barcelona muerto y sale sintiéndose indestructible. La misma carretera pero en sentido contrario tomará otro cadáver, este azulgrana, el próximo domingo. Si se confirma el vuelco no sólo será un triunfo ejemplar para los anales del baloncesto español sino que dejará al Barcelona sin su primera final liguera desde 2006 o sin su primera final doméstica desde la Copa de 2009.

Si el tercer partido pareció el arañazo testimonial de un equipo moribundo pero lleno de orgullo, el cuarto dejó una sensación de superioridad aplastante. Fue una paliza constante y descomunal, una lección de Perasovic de cómo sacar lo máximo de lo mínimo. Sigue sin Dubljevic y sin Aguilar pero ha recuperado a Sato. El Valencia defendió a muerte y se cebó en ataque sobre los problemas de autoestima que están lacerando al Barcelona. Le costó anotar hasta el descanso y por eso no había sentenciado (25-37). Por entonces estaba en 0/6 en triples pero anotó cuatro en un tercer cuarto en el que dejó ventilado el partido: 41-61 hacia una máxima de +23, un 41-64 que antecedió al final, con pañuelos en un Palau ya semivacío.

Tan corto de recursos como está, el Valencia ha conseguido en los dos partidos de Barcelona cerrar su zona y sacar mentalmente de la eliminatoria a Huertas y Tomic. Y ha encontrado caminos para ir sumando puntos. Su constante es Doellman y, esta vez, sus mejores escuderos Van Rossom y Sato. Con paciencia y circulación acaba encontrando agujeros en la desconocida defensa del Barcelona, que hace faltas tontas y pierde el hilo para conceder puntos fáciles bajo su aro. Matrícula cum laude al Valencia Basket por agarrarse a la vida con semejante demostración de fe. Todo vuelve a estar en sus manos y en su pista. Pero nadie, recuerdo otra vez, ha ganado como local en esta extraña semifinal.

Para el Barcelona queda el horror, una desaparición increíble e impropia de un equipo que nunca ha alcanzado un nivel tan bajo y de tan nula competitividad a las órdenes de Xavi Pascual. Sin espíritu, sin juego, sin sentido ni intención, sin puntería y con mandíbula de cristal. Su pase a la final, todo puede volver a cambiar en tres días, depende de un urgente paso por el diván del psicoanalista; Cada vez tiene menos que ver con el baloncesto en sí, un juego que parece haber abandonado a un equipo de repente sin alma. Salió con vida de un penoso primer tiempo y comenzó el segundo con tres pérdidas en sus cuatro primeros ataques. Su único amago de rebeldía llegó en el último cuarto: 57-69 con más de cinco minutos por jugar. Pero ni siquiera le llegó para dar un susto a un rival cargado de faltas y cansado. Pascual ha perdido el hilo y se encerró en una rotación envarada que alargó los minutos de Sada y Lampe y secó a Pullen, Nachbar, Lorbek o Abrines cuando su equipo necesitaba puntos a la desesperada. Ningún cambio garantizaba nada pero eran necesarios, un órdago a grande en plena tormenta. El Barcelona no perdió por un parcial descomunal, se fue metiendo poco a poco en el pozo sin ninguna capacidad de reacción. Autista, prácticamente muerto desde el descanso del tercer partido.

Al término del tercer cuarto el Barça llevaba 11 canastas por 10 pérdidas y 11 personales cometidas. Y un 2/14 en triples que acabó en 4/24 y que se suma el 1/18 del martes. En total y en poco más de 48 horas, 5/42. En el primer cuarto había fallado ya cinco tiros libres, al descanso diez y en total 13: 27/40 por el 21/22 del Valencia. 12-6 en pérdidas, 5-13 en asistencias… nada iluminó a un Barcelona en el que han desaparecido Huertas, Tomic (2 puntos sacado de un 2/8 en tiros libres), Oleson, Nachbar… y en el que Navarro acabó con 18 puntos a base de insistir (4/11 en tiros) pero sin ser un problema peliagudo para una defensa rival que se cierra feliz en torno a la pintura porque nadie le mete una canasta a más de cuatro metros del aro.

Total: quinto partido y un enorme interrogante. El Barcelona ganó la semana pasada dos partidos en la Fonteta y el Valencia Basket va al límite de piernas y fuerzas. Así que todo es posible aunque la semifinal esté teñida ahora de naranja. El equipo de Perasovic ha sabido no perder, ahora le toca ganar. El Barcelona, por su parte, tiene que ser el Barcelona. Nada más. O más bien y tal y como están las cosas, nada menos…

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