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Ferrari llega este fin de semana a China en la gran encrucijada

AS AS 17/04/2014 Manuel Franco

Bianca Garloff. Ella fue la única. Hace un año todos los periodistas especializados, algunos de los más prestigiosos del planeta con décadas de Fórmula 1 en sus libretas, apostaban por Fernando Alonso como campeón del mundo de 2013. Sólo Bianca, la menuda e inquieta corresponsal alemana de Sport Bild creía en Sebastian Vettel. Amor patrio quizá. O no. Entre la prensa española también hubo una excepción a la norma: Oriol Rodríguez de Catalunya Radio, aunque incluso él pensaba que su compatriota astur sería el mejor piloto de ese año.

Fue en la semana previa al GP de China en el que el asturiano ganaría de manera contundente, con más de diez segundos de ventaja sobre su ahora compañero de equipo, Kimi Raikkonen, y Lewis Hamilton, aprovechando la velocidad punta de su Ferrari en la interminable recta de Shanghai. Finalmente Vettel se proclamaría campeón a falta de tres grandes premios para el fi nal de la temporada. Así son las cosas en la Fórmula 1. Así cambian las cosas en unos meses, en un año. Porque ahora llegamos al increíble circuito chino con un equipo Ferrari destartalado, tras un gran premio en el que sus coches parecían caracoles en las rectas, con el presidente huyendo de la vergüenza y con el jefe dimitido. Sólo queda Alonso. Como entonces. Como siempre.

La victoria de Fernando en Shanghai 2013 queda lejos ya, como un recuerdo difuminado entre la niebla. Y en Ferrari se exige una reacción que parece pedir una utopía. Domenicali ya verá la carrera desde su refugio en las montañas italianas mientras su sustituto Mattiacci ya está en el Four Seasson de Shanghai respirando la polución del ambiente. Hay tres teorías sobre el brillante ejecutivo italiano. Una, que será una especie de Horner con Allison a su lado como un pretendido clon de Newey, copia de Red Bull. Otra, que el jefe real será Montezemolo con más experiencia en F-1 y él solo se ocupará de organizar a las más de mil cien personas que forman la Scuderia. Y la tercera, que será un hombre de transición hasta la llegada de Ross Brawn. De momento se va a intentar una mezcla de la primera y la segunda. A ver qué pasa. Y a ver si este año se puede aún levantar o ya formará parte de la lista de fracasos rojos.

De 1979 a 2000 el equipo estuvo veinte temporadas sin ganar el título de pilotos, pero del 64 al 75 fueron once. Schumacher y Lauda fueron los campeones, respectivamente. Ahora van ya seis, desde 2007. Este año parece imposible, pero recordemos que el tal Alonso ha estado a punto de lograrlo en 2010 y 2012. En un equipo que estuvo desde Singapur 2010 a Inglaterra 2012 sin lograr una pole, fueron 32 grandes premios. Ahora van 33, desde Alemania 2012, con lluvia. No hay perspectivas de cambio inmediato. Quizá en unos pocos grandes premios. El ritmo de evoluciones continúa, en China ya habrá cambios importantes, y en España. ¿Funcionarán? Esa es otra historia..

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