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Ganado y aves únicos testigos de la ilusión celeste

MundoDeportivo.com MundoDeportivo.com 12/06/2014 EFE

Jorge Figueroa

Sete Lagoas (Brasil), 12 jun (EFE).- Una veintena de cabezas de ganado vacuno, algunas aves de corral y otras autóctonas son casi los únicos testigos de la ilusión de Uruguay de realizar un buen Mundial, en la remota zona elegida como "cuartel general" en el medio de la nada.

El seleccionador de fútbol de Uruguay, Oscar Washington Tabárez, es un devoto de la paz, la tranquilidad y la privacidad. En el JN Resort, ubicado a unos 35 kilómetros de Sete Lagoas, en el estado de Minas Gerais, todo ello está garantizado.

En el lujoso lugar de relax y descanso lo único que se puede ver a la redonda es el ganado vacuno que pasta entre las sierras de la región, aves silvestres, palmeras y, dentro del complejo, unas gallinas cuya presencia es casi inexplicable.

Los celestes tienen a disposición en el complejo turístico todas las comodidades habituales para una selección en la alta competición, incluidas algunas reformas y mejoras encargadas cuando se eligió el lugar como "cuartel general" tras el sorteo de grupos el pasado mes de diciembre.

El ir y venir por el camino de acceso de los periodistas, que tampoco son demasiados en los días previos al debut uruguayo en el Mundial, alteran en parte, pero solo por un rato, el remanso del lugar.

La elección de Uruguay no es nueva.

Sete Lagoas es en Brasil casi un calco de lo que significó Kimberley en Sudáfrica hace cuatro años. Un lugar alejado de todo ruido, de todo bullicio y donde el clima del Mundial, en todo caso, parece bastante distante.

Apenas algunas banderas de Brasil adornando los locales comerciales del centro de la ciudad y la "verdeamarella" de la selección local lucida por las vendedoras como forma de adhesión nacional.

Por lo demás, a la ciudad de unos 230.000 habitantes, que concentra 23 empresas siderúrgicas y que vive de la extracción de piedra caliza, mármol, pizarra, arcilla, arena y de la producción de hierro en lingotes, el clima de Copa del Mundo no ha llegado.

En la paz y casi aburrimiento de Kimberley, Uruguay forjó su mejor actuación de las últimas décadas a nivel Mundial y se quedó hasta el final del torneo, ubicándose en el cuarto puesto.

Kimberley es una ciudad pequeña, de unos 200.000 habitantes, capital de la provincia de El Cabo y reconocida como uno de los centros mundiales de los diamantes.

Aquí, en Sete Lagoas, aunque los futbolistas prefieren no cargarse de presión y coinciden en la necesidad de ir paso a paso, la ilusión es, por lo menos, la misma de hace cuatro años atrás.

La única gran diferencia puede ser que en Sudáfrica los celestes jugaron con temperaturas invernales, casi de 0 grado y algunos días con agua nieve cayendo sobre los estadios.

Ahora afrontarán partidos vespertinos seguramente en jornadas de calor intenso, especialmente cuando debuten frente a Costa Rica, el día 14 en Fortaleza, y el 24 de junio frente a Italia en Natal, ciudades del norte de Brasil.

"Este lugar (de concentración) ha colmado nuestras expectativas, especialmente por la tranquilidad, tenemos la ilusión de clasificar y después ver que nos asigna la FIFA", afirmó Tabárez en una reciente conferencia de prensa.

En el futuro mundialista de los celestes no es seguro que haya mas vacas y aves como únicos testigos del paso de Luis Suárez, Diego Forlán o Edinson Cavani, pero la exigencia de tranquilidad total y distancia de las aglomeraciones es condición innegociable para el entrenador celeste.

jf/og

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