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Gran final en San Mamés

AS AS 27/04/2014 Nika Cuenca

El joven San Mamés necesitaría el fondo que aún le falta y dos plantas más en cada tribuna para colmar en asientos la expectación que genera la primera final de su historia. El Athletic-Sevilla puede dirimir quién jugará la previa de Champions en agosto. Un triunfo local situaría virtualmente a los leones en el cuarto puesto definitivo, el empate les mantendría como favoritos con una jornada menos y la victoria de los de Emery haría a su equipo depender de sí mismo.

El Sevilla llega al galope, con una racha de campeón de Liga (27 de los últimos 30 puntos) a lomos de los puras sangre Bacca, Gameiro y M’bia. El gran Rakitic es quien azota la fusta. Pero el Athletic se ha encargado de recordar toda la semana que su tranco no es inferior. Lleva sólo tres puntos menos en la segunda vuelta, aunque en un momento dado la distancia se fuese a doce.

El argumento de los locales para no sentir miedo tiene tres vías: su fiabilidad en San Mamés, el gran estado físico del equipo e inspiración de Aduriz, y la experiencia. El vestuario que maneja Valverde ya ha vivido partidos de alta tensión en la época de Bielsa. Va dado quien piense que a los Iturraspe, Herrera, Susaeta y Muniain se les va a alterar el pulso jugando la pelota en media cancha.

Diferencia en la ida. Hace una vuelta, cuando el Athletic mereció ganar en el Sánchez Pizjuán y no lo logró porque Beto detuvo un penalti a Susaeta, la diferencia entre ambos equipos era abismal. La blandura defensiva del Sevilla no era propia de un equipo de Emery. Su crecimiento ha llegado a partir de ahí: Fazio y Pareja forman hoy un dúo de cuidado. Y encima, tiene por delante un muro de contención con M’bia (el Mikel Rico negro en presencia física) y Carriço o Iborra.

Aduriz tendrá así una dura tarea para mantener su absoluta supremacía en el juego aéreo. Álvarez Izquierdo deberá vigilar agarrones, bloqueos y demás, aunque a Emery no le haya hecho gracia que Txingurri airease sus artimañas en público.

La presión ambiental, con el primer mosaico del nuevo campo, será fuerte. La afición está preparada para crear un clima similar al del 3-0 de Copa con Del Nido. A todo esto hay que unir la lluvia, que pondrá el tapete para velocistas.

Emery quitó la Champions el año pasado al Valencia de Valverde para dársela a la Real y Txingurri quiere ahora venganza. Se viene una gran tarde de fútbol y corazones fuertes.

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