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Guardiola, traicionado por sus jugadores

ABC ABC 20/10/2016 Tomás González-Martín
Guardiola, durante el partido ante el Barça. © Getty Guardiola, durante el partido ante el Barça.

Saludo. Charla. Manos en los bolsillos.Gestos. Empatía. Su conversación cordial con Luis Enrique en el túnel de vestuarios despejó todas las dudas sobre las relaciones de Guardiola con el Barcelona. «Pep» manifestó veinticuatro horas antes del partido que él nunca llamó a Messi para que fichara por el Manchester City. Y advirtió que el club azulgrana también toca a futbolistas del City y de otros equipos cuando le interesan.

El técnico catalán quiso eliminar cualquier atisbo de palurda «traición» que los medios controlados por el Barça, como desveló el propio Guardiola, pudieron pintar hace unos meses. No hay traición cuando uno trabaja en el otro frente. Guardiola no necesitaba justificarse de nada.

Su apuesta independentista, sin embargo, le obliga a quedar bien con ese equipo que es más que un club, cuando no era necesario. Pareció pedir perdón. Sobraba. Anoche saltó al césped del Camp Nou sin el Kun Agüero en el once con el fin de potenciar el centro del campo de su equipo e intentar dar la sorpresa en su casa histórica. Los errores de sus futbolistas le hundieron.

El Manchester City de toque y confección, «made in Guardiola», dominó hasta que un error garrafal de su defensa, que se quedó quieta en un balón muerto dentro del área, permitió a Messi llegar, coger el balón y marcar un gol inesperado.

En el segundo tiempo se repitieron las claves. Pep mantuvo la apuesta del conjunto inglés por dominar y tuteó al Barcelona en la faceta que el propio Guardiola impuso como ley en la cultura azulgrana. El entrenador exporta esa cultura. Y la hace efectiva. Vimos a dos equipos con las mismas tendencias y Messi como único dato para marcar la diferencia. Hasta que Claudio Bravo cometió una tontería que le costó definitivamente el encuentro al cuadro británico, a los pies de los fallos propios y de la estrella de Messi.

El veterano guardameta chileno tocó mal un pase con el pie, dejó el balón a pies de Luis Suárez y su respuesta fue detener con las manos, fuera del área, la vaselina del uruguayo, camino del gol. No hubo gol, pero el portero sufrió su segunda amonestación y dejó al City con diez y 1-0 en contra a falta de cuarenta minutos para el fin.

Guardiola, traicionado por sus hombres

Luis Enrique protestó la mano de Bravo hasta que el árbitro señaló rápidamente la tarjeta amarilla y la consiguiente cartulina roja. No hizo más aspavientos. Respeto a Pep. «Respect», que dice la UEFA para combatir el racismo. En el Camp Nou no hubo racismo. Guardiola es talento y Luis Enrique astucia y trabajo. Son complementarios. Y se respetan.

El mando de los hombres de Pep se acabó por obligación. Con uno menos, la constancia en los errores de sus hombres hundieron al preparador catalán en su antigua casa. Su táctica fue magnífica y cayó derrotada por las equivocaciones monumentales de sus pupilos.

Fichó a Bravo y echó a Hart

El segundo tanto de Leo aseguró los puntos a Luis Enrique. El argentino recibió un balón robado a De Bruyne y anotó el segundo. El tercero se produjo al instante, también firmado por la figura del Barcelona, en otro disparo imposible para Caballero. Messi sumaba tres dianas y Guardiola sumaba tres enfados por los fallos de sus jugadores. Ellos sí que le traicionaron con un rendimiento nefasto. La expulsión del barcelonista Mathieu, con el 3-0, ya no le sirvió para nada. Equilibró la contienda en número de hombres, con una goleada en contra.

Pep también falló al sacar al Kun con 3-0 a falta de un cuarto de hora. Pareció un castigo. Podía haberlo utilizado tras el descanso, con el 1-0 en contra y once contra once. No se comprendió. La prensa inglesa le va a fusilar por fichar a Bravo y echar a Hart.

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