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Hamilton, falta grave de dedicación

Marca Marca 20/06/2016 Marco Canseco y Eduardo Oporto
Hamilton, tras el GP de Bakú. © Reuters Hamilton, tras el GP de Bakú.

El primer día en Bakú, Hamilton parecía desencadenado. Le endosó siete décimas al líder del Mundial y parecía haber entrado definitivamente en el cambio de rumbo, en el modo de ataque salvaje. Pero los fines de semana en la F1 tienen también un poco de hincar codos y no sólo talento puro. Éste no vale cuando surge un contratiempo.

Mercedes reconoció que había introducido un mapa motor erróneo en ambos coches para iniciar la carrera y las formas de gestionar el problema fueron muy distintas. Ahora que desde el muro no se pueden dar instrucciones precisas sobre dónde tocar para cambiar los parámetros, se ve quién trabaja de forma profesional y al que le gusta más posar ante las cámaras que perder horas con los ingenieros.

A los dos coches les faltaba potencia de la parte eléctrica, en el llamado ERS, y mientras Nico pudo volver a la normalidad en pocas vueltas, Hamilton dio un recital de quejas por radio, descoordinación con su ingeniero de pista y desconocimiento del manual de instrucciones. Eso le costó perder 14 segundos respecto a Checo Pérez y un podio probable, como concretó el mexicano en la última vuelta. Cinco puntos valiosos.

"No nos pueden decir cómo solucionar los problemas, sólo que algo no funciona. He sentido que faltaba potencia, he mirado el volante, he pensado lo que podría estar mal, he probado y ha funcionado", resumía el alemán, que toma de nuevo, como entes de Canadá, 24 puntos de renta al frente del Mundial.

Lewis, que arrancaba décimo tras sus problemas de motor de la calificación, no pudo concretar la remontada. "El problema parece estar en el modo en el que está tu coche ahora", le respondían a un Hamilton atónito. "No sé qué queréis decir, no sé qué está mal", respondía, e insistía al rato: "Esto es ridículo, estoy mirando la pantalla cada cinco segundos tratando de averiguar qué botón está mal. No voy a terminar la carrera, voy a intentar tocar y cambiar todo".

"No te lo recomendamos", le respondían desde el pit lane. "¿Puedo hacer sugerencias y me decís si está bien o mal?", proponía el piloto. "No, eso no está permitido", le instaban. Algo surrealista en todo un tricampeón del mundo en su décima temporada en la Fórmula 1. "Al final he tocado algo y parece que he podido acabar la carrera", reconocía el tricampeón. Fue a falta de 10 vueltas cuando regresó a sus tiempo normales, pero Checo había volado.

Vettel no hizo caso al muro

Sebastian Vettel logró acabar segundo tras una carrera en la que desoyó la orden de su equipo de entrar de forma temprana (vuelta 6) para cambiar los neumáticos. "Me llamaron a boxes para cubrir a Ricciardo, pero yo veía que mis ruedas estaban bien y decidí quedarme", reconoció Seb. El resumen es que pensó que en Ferrari puede casi siempre el miedo y que era mejor hacer caso a su instinto. La desconfianza no es la mejor señal cuando se va a 350.

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