Al utilizar este servicio y el contenido relacionado, aceptas el uso de cookies para análisis, contenido personalizado y publicidad.
Estás usando una versión más antigua del explorador. Usa una versión compatible para obtener la mejor experiencia en MSN.

Hierro, Raúl, Casillas... y ahora Sergio Ramos

SPORTYOU SPORTYOU 08/10/2016 David Sánchez de Castro
Hierro, Raúl, Casillas... y ahora Sergio Ramos © Getty Images Hierro, Raúl, Casillas... y ahora Sergio Ramos

Llevar el brazalete de capitán del Real Madrid se ha convertido en una labor de alto riesgo desde los últimos 15 años. En el momento en el que un jugador se ha hecho con el puesto de máxima jerarquía en el vestuario, se ha colocado inevitablemente en el ojo del huracán de las críticas. El último ha sido Sergio Ramos y, por lo visto y escuchado después del encuentro de la Selección ante Italia, no está dispuesto a aceptar con la misma paz las críticas ni a los críticos como lo hicieron sus predecesores.

Fernando Hierro fue el último capitán cuya salida del club blanco se produjo con la grada más de su lado. El hoy entrenador del Oviedo acabó sus 14 años en el Real Madrid de manera abrupta, justo después de ganarle a la Real Sociedad la Liga de la temporada 2002/2003. El malagueño vio cómo ni él ni su entrenador, Vicente del Bosque, renovaban, en una decisión que aún hoy le recuerdan a Florentino Pérez. Pese a que futbolísticamente aún no había decaído, ni había 'run run' en la grada, su desencuentro con el presidente provocó su salida.

El Ferrari Raúl González heredó el cargo de capitán. El otrora '7 de España' se convirtió en el líder del vestuario, en un momento un tanto dubitativo en lo deportivo para los blancos. La estela de los galácticos empezaba a tocar a su fin, y coincidiendo con su declive en la Selección española, empezó a decaer el juego del madrileño. El Raúl más letal dio paso a un Raúl más errático, menos decisivo en los momentos clave. Un sector de la prensa empezó a darle la espalda, mientras que otra empezó a defenderle a capa y espada. Los fallos se magnificaron, los aciertos se exageraron, y la grada se contagió de ambas vertientes: habían nacido los 'raulistas' y los 'antirraulistas'.

El futbolista nunca levantó la voz en público, ni cuando Luis Aragonés le sacó de la Selección, ni cuando perdió minutos en el Real Madrid. La llegada de José Mourinho le abrió la puerta de salida del equipo de su vida, pero aún disfrutó de unos años de fútbol en Alemania, en Qatar y en Nueva York. Su desangelada despedida del club blanco (una rueda de prensa con sólo una grada abierta) y la tardanza en un partido homenaje (tres años después de su marcha) aún causa bochorno entre los que habían disfrutado de su fútbol durante casi quince años.

El terremoto Mourinho

El siguiente capitán fue el último gran canterano de la vieja Ciudad Deportiva: Iker Casillas. Hombre de la casa desde siempre, abanderó con una frase la figura del futbolista humilde que llegó a lo más alto. "No soy galáctico, soy de Móstoles" se convirtió en un lema. Su capitanía llegó justo antes de su explosión como portero, posiblemente el más determinante de la historia del fútbol español. Con el brazalete de capitán de la Selección comandó los años gloriosos de España, levantando dos Eurocopas y un Mundial. En los tres torneos, además, con actuaciones destacadas. Nadie debatía a Casillas, hasta la llegada de Mourinho al vestuario blanco.

La relación entre ambos fue correcta el primer año, pero a mitad del segundo explotó. Los dos carácteres chocaron, y el portero empezó a ver cómo su magia desaparecía en los partidos más importantes. La lesión que le produjo sin querer su compañero -que no amigo- Álvaro Arbeloa provocó la llegada de Diego López al club blanco, y Mourinho habló claro: "Mientras yo esté aquí, mi portero es Diego López". Mourinho se fue, pero sus acólitos ya habían puesto los ojos en el capitán a quien antes habían idolatrado. Lo deportivo y lo personal se mezclaron, el rendimiento de Casillas también decayó con Carlo Ancelotti en el banquillo y ni la consecución de la Décima frenó a los críticos. Todo lo contrario: se multiplicaron por su pifia en el gol de Godín en la final de Lisboa. Acusaciones de ser el 'topo' de la prensa, mala relación con algunos compañeros (el vestuario se dividió en dos) y la falta de apoyo interno provocaron su salida definitiva, en dirección a Oporto.

El último capitán ha sido Sergio Ramos. Capaz de lo mejor y lo peor en cada partido, muchos de los que ayer abucheaban a Casillas, hoy centran sus iras hacia el central de Camas. En cada partido hay un rumor constante en la grada y en las redes: "a ver en qué minuto la lía Ramos". Su heroico gol en el minuto 93 de la final de la Décima, repetido en otras ocasiones, le permite mantener un fuerte ejército de adeptos, aunque aparte de los herederos del 'mourinhismo' también hay otros que atacan al sevillano cada vez que falla.

No obstante, a diferencia de lo vivido con sus predecesores, Sergio Ramos no va a aceptar callado el chaparrón. De carácter mucho más batallador, Ramos está dispuesto a recibir a 'porta gayola' a quienes quieran atacarle. Eso no va a tapar un arranque de campaña con muchas dudas, más inseguro y cuatro penaltis provocados que le han colocado en el ojo de las críticas incluso de sus más acérrimos fans. De no ser capitán, no se le exigiría tanto, pero el peso del brazalete implica una responsabilidad a la altura.

Gestión anuncios
Gestión anuncios

Más de SPORTYOU

image beaconimage beaconimage beacon