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James lo explica todo

SPORTYOU SPORTYOU 01/03/2016 Javier Coloma
James lo explica todo © Getty Images James lo explica todo

Tras la derrota del Real Madrid el pasado fin de semana ante el Atlético de Madrid, los gritos de “Florentino dimisión” en la grada parecen ser el preludio de un debate profundo que se abrirá en los próximos meses en torno a la directiva del Real Madrid. Ha sucedido además con una escena de enorme carga significativa: la pitada a James Rodríguez, que es el ejemplo impagable de la gestión del club en los últimos años.

Todo tiene su explicación remontándonos a la figura de Ángel Di María. Di María era un futbolista irregular pero de un enorme talento. Combinó partidos memorables con actuaciones discretas, pero siempre se caracterizó por ser un futbolista trabajador. Se presentó a muchas de las citas importantes del Madrid. Dio una exhibición monstruosa de trabajo en la última final de la Copa del Rey que le ganó al Barcelona, y fue parte activa de la consecución de la décima Copa de Europa.

De Di María se desprendió el Madrid para hacer caja y poder traer a James. El argentino era un futbolista querido, y sin embargo se marchó del club de una manera extraña, en medio de un ambiente enrarecido y opaco. Meses después, el jugador explicó que nunca quiso irse del equipo, y cómo el Madrid le presionó para marcharse filtrando una supuesta petición del jugador para cobrar una cifra parecida a la que cobraba entonces Cristiano Ronaldo.

Este no ha sido el único caso. Forma parte del guión de una gestión deportiva supeditada a la voluntad económica. Una lógica que sitúa a James como líder del mercado hispanoamericano (por detrás de Leo Messi), porque en el mundial se hizo notorio que ya es más popular que Di María. A día de hoy, James no ha ganado un título para el Real Madrid ni ha ido más allá de marcar algún que otro gol para Youtube. A James se le reconoce un talento creativo y un buen manejo de la pelota. Es un jugador que puede resultar muy útil al Madrid cuando tiene el balón en los pies, pero hace muy pocos sacrificios por tenerlo. No se ofrece, no pide la pelota, ni baja unos metros para ayudar con la salida del juego -una de las premisas en las que insiste Zinedine Zidane-. No ha demostrado ser mucho más determinante que Di Maria en el campo y, desde luego, es mucho menos trabajador. Ni siquiera existía la certeza de que podía encajar en el modelo de juego. Deportivamente nadie consideró necesaria su llegada, todavía hoy se mueven las piezas para encajarle en el sistema... pero vende más camisetas.

De hecho, el único beneficiado en el campo de la llegada de James es Luka Modric. La pasividad de James agudiza la ya conocida tendencia del Real Madrid a partirse por la mitad, y solo queda en medio la honrosa participación del croata, cuyo rendimiento se ha agigantado desde que James contribuye de manera notable al vacío en el centro. Si Modric da un paso atrás, el Madrid se desmonta por un lado; si da un paso hacia delante, se desmonta por el otro. En cualquiera de los dos escenarios posibles, el Real Madrid acaba dependiendo de un jugador croata que no figura ni entre los 23 nominados en la pasada edición del Balón de Oro. Sí estuvo, sin embargo, en el once ideal de la FIFA. Ambas circunstancias evidencian que es un futbolista poco considerado individualmente pero al que se atribuye un peso destacado en su equipo.

El dudoso mérito de James para encumbrar a Modric consiste en hacer partidos como el de Roma en el partido de Champions League. James transitó como un fantasma por la banda derecha e hizo un mapa de calor sonrojante. No tiene ni punto de comparación con el que firmó Modric, -que tiene que trabajar por los dos-, o Cristiano Ronaldo, cuyas palabras tras el partido ante el Atlético pudieron ser equivocadas en la forma, pero no en el contenido. Mientras las dos últimas grandes adquisiciones de su presidente están muy por debajo del rendimiento que se espera de ellos (James y Gareth Bale), el debate del Madrid se ha estado centrando en si Cristiano está bajando su nivel. Un debate que el madridismo ha comprado y ha ido interiorizando, haciendo evidente que, además de la crisis institucional en el club blanco, existe otra crisis de principios en la grada.

Por un lado, tiene a un presidente empeñado en el modelo de negocio que ejemplifica el caso de Di María y James: hacer dinero con un equipo que cada vez gana menos títulos (una Liga en ocho años). Un equipo que no admite ideología ni concepto más allá de vender el producto (sea bueno o malo) al mayor precio posible, y que tiene la contraposición en su equipo de baloncesto. Esa sección sigue sumando títulos a su palmarés gracias a un modelo definido por una persona que no es él porque -fíjense en la paradoja- Florentino Pérez consideró un día que no entiende de baloncesto. El Madrid tiene un equipo que gana títulos y un Starbucks en la sección de fútbol.

Por otro lado, hay un sector de su afición que comulga con ruedas de molino: que considera que el Madrid perdió el orgullo propio desde que no mete el dedo en el ojo del entrenador contrario; que cree que la razón del bajo rendimiento del equipo en los últimos años se reduce a que los jugadores no corren lo suficiente -como si tuvieran que fichar a Mo Farah de lateral, a Gebrselassie de mediocentro, y a Kiprotich de falso nueve-; y que, torero en el burladero, piensa que el Madrid debería vender a Cristiano Ronaldo a cualquier incauto que pase por delante, porque ya sólo marca 45 goles al año.

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