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José Fernández: el béisbol perdió su sonrisa

SPORTYOU SPORTYOU 28/09/2016 Antonio Gil
José Fernández: el béisbol perdió su sonrisa © Getty Images José Fernández: el béisbol perdió su sonrisa

Lo leí y se me empañaron los ojos. No lo pude y no lo puedo evitar. El fallecimiento de José Fernández en un accidente de barco nos deja sin un impresionante jugador de béisbol pero sobre todo sin una enorme persona. No es un tópico. ‘El Niño’ era diferente, único. Así me lo demostró en cada una de nuestras conversaciones, cada vez que Miami Marlins visitaba New York durante el tiempo que viví allí y cubrí en directo partidos de las Grandes Ligas. Desde el día que me prometió que haríamos una entrevista individual y en profundidad si le dejaba primero ir a comer, hasta todas las veces que simplemente cruzábamos miradas cuando enfilaba a toda velocidad el vestuario y me brindaba una sonrisa marca de la casa, acompañada de un “¿Qué pasa, ‘España’?”. Una sonrisa que le hacía especial, dentro y fuera del campo. Una sonrisa que no se me borrará jamás de la cabeza y que protagoniza la frase con la que en su momento me definió su forma de ser: “Antonio, el día que deje de sonreír jugando, dejaré de jugar”.

El día de la fatídica noticia, lloré cuando nadie me vio. Lo volví a hacer, con más fuerza y libremente, durante el homenaje de sus compañeros antes del primer partido de su equipo tras su muerte. Ni siquiera tuve el valor de escribir algo, más allá de cuatro líneas sobre él en las redes sociales. Y juro que lo intenté, pero era ponerme delante del teclado y no saber por dónde empezar. Tenía miedo no dejar en el lugar que se merecía un ser humano como él, que siempre me trató de tú a tú y que me hizo entender que en la vida siempre hay motivos para reír y pasarlo bien. “Si no los hubiese, no merecería la pena estar aquí”, me repetía una y otra vez. Su apodo de ‘El Niño’ le venía que ni al pelo. José Fernández vivía cada día con la ilusión de un chaval. Era uno de los mejores pitchers de la MLB, pero disfrutaba de cada partido como si estuviese jugando en el patio de su casa y no entre profesionales. El béisbol para él no era un trabajo, sino una diversión. Rompía las normas no escritas de la pelota, celebraba cuando salía de una situación complicada eliminando a un bateador, se recreaba cuando un hit suyo le permitía correr las bases… Incluso se tomó a broma cuando toda la plantilla de Atlanta Braves se fue a por él, y no precisamente para felicitarle, cuando se quedó contemplando el vuelo de la bola que sacó del campo para cerrar una temporada espectacular. Todos querían canearle y él se partía de risa porque “sólo es un juego”. Exactamente igual que lo hacía cuando veía los partidos desde el banquillo, cuando calentaba junto a sus compañeros, cuando se hacía fotos con los fans o cuando tomaba el pelo a los críos que le pedían autógrafos.

El minuto de silencio que le honró en todos los estadios de la MLB es el más doloroso que recuerdo

El adiós prematuro de un jugador que, con 24 años, estaba marcando una época, y que desde su debut en Grandes Ligas en 2013 sólo había perdido dos partidos en casa, golpeó con fuerza en el corazón de todos. La Liga entera se vistió de luto. El minuto de silencio con el que se le honró en todos los estadios de la MLB fue el más doloroso de todos los que recuerdo en cualquier evento deportivo. Ver a hombretones como David ‘Big Papi’ Ortiz llorar por la pérdida de un enemigo en el campo y un colega en la vida ablanda a cualquiera. Ver a uno de sus amigos más próximos, como Gio González, pasar por un verdadero soponcio al despedir al 'Caballo', como él le llamaba, te obliga a compartir el dolor con él. Y es que José tenía ese don, el de hacerse querer. Cuando le vi jugar por primera vez fui corriendo a encargar su camiseta por Internet. Cuando hablamos por primera vez quise ser como él: alguien que, pese a ser un luchador como pocos, desprendía positividad por los cuatro costados. Una actitud que contrastaba con su complicada infancia tratando de huir de Cuba, pese a tener que alejarse de su amada abuela para lograrlo. Una forma de ser que debería servirnos de ejemplo a todos. El béisbol te va a echar de menos por el espectáculo que era verte jugar, pedazo de pitcher. El mundo te va a echar de menos por cómo eras, José. Gracias por todo lo que me enseñaste sin saberlo, ‘niño’.

#rip #josefernandez #JF16

Una foto publicada por Antonio Gil (@antoniogil_sose) el 26 de Sep de 2016 a la(s) 1:22 PDT

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