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La esclavitud que intenta esconder la FIFA

ABC ABC 31/03/2016 Fernando Rojo
Trabajadores en el Khalifa International Stadium de Doha. © Getty Trabajadores en el Khalifa International Stadium de Doha.

«Para jugadores y aficionados, un estadio donde va a jugarse la Copa del Mundo es un lugar para soñar. En cambio, para algunos de los trabajadores que hablaron con nosotros puede llegar a ser una verdadera pesadilla», comenta Salil Shetty, secretario general de Amnistía Internacional, tras conocer el resultado del informe elaborado por dicha organización en el que se documenta la explotación a la que son sometidos los trabajadores que están ayudando a construir los estadios del Mundial de Qatar 2022.

El informe se basa en entrevistas a 132 inmigrantes que trabajan en las obras de reforma del estadio Khalifa de Doha, el primero que se concluirá y en el que se jugará una de las semifinales. Otros 99 inmigrantes entrevistados trabajaron en las zonas verdes del colindante complejo deportivo Aspire Zone. «Todos y cada uno de los jardineros y obreros de la construcción que hablaron con Amnistía Internacional denunciaron abusos de una u otra clase», asegura el informe, que detalla, una a una, las irregularidades que sufren los trabajadores inmigrantes en Qatar.

A muchos de ellos los empleadores les deniegan el permiso de residencia o su renovación, lo cual les deja expuestos a sufrir detención y expulsión como trabajadores «fugados». A otros les confiscan el pasaporte para que no puedan salir del país. Previamente, les obligan a pagar tasas de hasta 3.800 euros a contratistas en el país de origen para conseguir empleo en Qatar, y les engañan en cuanto al salario o al tipo de trabajo ofertado. De hecho, todos los hombres, excepto seis, ganaban un sueldo inferior al que se les había prometido a su llegada, muchos de ellos la mitad de lo prometido.

Silencio de Villar

Y, para colmo, muchos sufren el impago del salario durante varios meses, lo que ocasiona dificultades económicas y problemas emocionales a unos trabajadores que ya soportan un fuerte endeudamiento y que sobreviven en Qatar alojados en duras condiciones de hacinamiento y bajo amenazas si deciden denunciar. «Mi vida aquí es como estar en una cárcel. El trabajo es arduo, trabajamos muchas horas bajo un sol abrasador. La primera vez que me quejé de mi situación, al poco de llegar a Qatar, el gerente dijo: “Si quieres quejarte, adelante, pero habrá consecuencias. Si quieres quedarte en Qatar, cierra la boca y sigue trabajando”», asegura uno de estos semiesclavos, que en su mayoría proceden de India, Nepal y Bangladesh.

Todo ello llega a ser considerado por Amnistía Internacional como «trabajos forzados», y así lo han denunciado a la FIFA y a las empresas patrocinadoras. La sección en España de dicha organización envió el pasado 19 de febrero una carta al presidente de la Federación, Ángel María Villar, quien aún no ha contestado.

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