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La invasión a Valencia acabó en tristeza

MundoDeportivo.com MundoDeportivo.com 04/05/2014 Javier G. Gómara
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Una semana después de invadir Valencia, la ‘tribu’ rojiblanca volvió a desplazarse en masa a la capital del Turia. Y esta vez, en mayor número. Unos 5.000 aficionados colchoneros convirtieron el Ciudad de Valencia en un mini-Calderón para dar ánimos a los de Diego Pablo Simeone en su intento de lograr una victoria casi definitiva en la lucha por el título de Liga.

La fiesta había comenzado mucho antes. Desde primera hora de la mañana, los sitios turísticos de Valencia comenzaron a teñirse de rojiblanco. El centro, la Malvarrosa... Riadas de seguidores rojiblancos bajaban de los trenes en la estación de Joaquín Sorolla cargados de ilusión y con las gargantas bien preparadas para la ‘guerra’. Los cánticos del Atlético retumbaban por la ciudad. No paraban ni en la hora de la comida. Entre paella y paella, el himno del club colchonero se hacía hueco para asombro de los valencianos y de los turistas que habían llenado la ciudad para el puente de mayo.

Cuando el equipo salió a calentar, medio estadio se vino abajo. Los jugadores no sabían si jugaban fuera de casa o en el Calderón. Algo que fue una constante hasta los minutos finales del partido. Y es que la fiesta no fue completa. Mejor dicho, acabó en drama. Porque el Atlético cayó ante el Levante en un partido marcado por la mala fortuna que acompañó a los de Simeone durante los 90 minutos del choque. Un gol en propia puerta, paradones de Navas, fallos inexplicables, algún error arbitral... Todo estaba en contra del Atlético.

Barral sentenció en una contra, y los rostros de tensión de los hinchas madrileños pasaron a ser de tristeza. El Atlético sigue dependiendo de sí mismo para conquistar el campeonato, pero el día de ayer estaba marcado en rojo para todos. De ganar al Levante, la Liga estaba cerca, muy cerca del Calderón, y el alirón ante el Málaga era posible en caso de victoria. Ahora también, pero dependerá de lo que hagan Real Madrid y Barcelona. Pese a que la derrota ya estaba asumida por los seguidores rojiblancos en el tiempo de descuento, éstos volvieron a sacar fuerzas de flaqueza para entonar, con más intensidad aún si cabe, el himno del Atlético de Madrid.

Así murió el partido y así murieron las ilusiones rojiblancas hasta que la próxima semana, ante el Málaga, se vuelvan a cargar las pilas de la emoción y de la confianza para recibir al Málaga en el Vicente Calderón. Lo de ayer fue un paso atrás, pero no definitivo. El Atlético se había ganado el derecho a permitirse un pinchazo, que llegó ayer en un campo gafe en el que no se gana desde el año 2007. El viaje de vuelta a Madrid fue duro, pero toca reponerse. No queda otra.

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