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La lección que no supo aplicar Del Bosque

Logotipo de El Economista El Economista 30/08/2016
Lopetegui, durante el entrenamiento de este lunes en la Ciudad del Fútbol en Las Rozas. © EFE Lopetegui, durante el entrenamiento de este lunes en la Ciudad del Fútbol en Las Rozas.

Julen Lopetegui ha comenzado fuerte, muy fuerte su nueva etapa como seleccionador español. La ausencia de Iker Casillas en su primera lista de convocados ha supuesto un terremoto en el seno de un combinado nacional que ya vivió convulso los últimos días de la Eurocopa precisamente por las tensiones entre Casillas y Del Bosque. Un episodio del que ha aprendido el ahora nuevo entrenador de 'La Roja' para aplicar aquellas pautas que no usó el ex entrenador salmantino y evitar tensiones innecesarias. Y por ahora parece que le está saliendo bien.

¿Qué ha cambiado entre un episodio (el de la Euro) y éste? En primer lugar, que Lopetegui, a diferencia de Del Bosque, sí que ha creído conveniente sentarse delante de Casillas para darle un trato privilegiado y comunicarle cara a cara, en una charla larga y distendida que no cuenta con él para estos primeros partidos pese a ser una leyenda del combinado nacional. Lo ha hecho, además, con el crédito de haber sido el hombre que lo fichó para el Oporto poco antes de que fuera despedido.

Un trato especial que lejos de tratarse una pleitesía innecesaria (Lopetegui desde luego no lo ve como tal), es una forma de guardarse las espaldas ante cualquier posible reacción airada de Casillas. Del Bosque, por el contrario, no actuó igual.

Trató de dar al capitán el trato que el resto de sus compañeros y él, Casillas, supo de su suplencia en la Eurocopa el día que anunció la alineación frente a la República Checa, la primera jornada del torneo. Aquello al ex madridista no le sentó nada bien. Creía que debería tener algún trato diferente, que merecía alguna explicación más.

Por eso se enfadó. Por eso acabó sin dirigirle la palabra en el torneo ni a Del Bosque ni a sus ayudantes. Y he aquí la segunda lección aprendida por Lopetegui y que seguramente le inculcase el propio Vicente, con quien ha tenido alguna charla distendida (son vecinos en Madrid): hay ciertas vacas sagradas que no asimilan bien la suplencia.

Dicho de otra manera, o se les llama para ser titulares, o no se les llama porque la tensión que puede generar es tan grande que su presencia, lejos de ser un beneficio, se transforma en perjuicio. Una doctrina que ya aplicó en su día Aragonés con Raúl y que bien podría haber tomado Del Bosque con Casillas. No fue así porque esperaba un comportamiento distinto del capitán. Se equivocó.

De ahí que Lopetegui no haya querido tropezar por segunda vez en la misma piedra y haya dejado fuera a Casillas quizá ya para siempre más allá de un posible homenaje de la RFEF al que ha sido portador de su brazalete en su etapa más gloriosa, la del triplete Eurocopa, Mundial, Eurocopa.

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