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La leyenda oculta de Pedro de Felipe

ABC ABC 13/04/2016 Fernando Rojo

Pedro de Felipe, con la camiseta del Real Madrid en 1967. © EFE Pedro de Felipe, con la camiseta del Real Madrid en 1967. Cada vez que el Madrid se ve en dificultades en la Copa de Europa –lo hemos visto estos días– invoca al «espíritu de Juanito», ignorando que el malogrado futbolista malagueño jamás levantó «la orejona». Así que ese espíritu bien podría la prensa habérselo atribuido a alguno de los jugadores del Madrid yeyé, que contra todo pronóstico se alzó con la sexta Copa de Europa en 1966. Aquel equipo en construcción, en el que destacaban por su calidad Pirri, Velázquez y Amancio, jamás habría triunfado sin el espíritu de jugadores como Pedro de Felipe, que ayer falleció a los 71 años víctima de un cáncer contra el que ha luchado con el pundonor que le caracterizó en los campos de fútbol.

De Felipe fue el eslabón necesario entre Santamaría y Benito en el centro de la retaguardia blanca. Un defensa aguerrido, expeditivo, difícil de superar. Valores muy cotizados en una época en la que reinaba el catenaccio del Milán de Nereo Rocco y, sobre todo, del Inter de Helenio Herrera. El destino ha querido que hoy, cuando entierren a De Felipe, se cumplan 50 años del partido de ida de la semifinal que el Madrid le ganó al todopoderoso Inter, campeón de las dos ediciones anteriores. Tras el 1-0 del Bernabéu, el Inter preparó una auténtica encerrona en Milán. «Los hinchas italianos estuvieron toda la noche anterior tocando el claxon alrededor del hotel para que no pegáramos ojo», recordaba De Felipe, que tampoco se arredró luego ante la lluvia de bengalas que cayó sobre San Siro. Su actuación fue impecable y decisiva: «De Felipe anuló a Mazzola», sentenció al día siguiente Gilera, enviado especial de ABC al infierno de Milán.

Tres semanas después, el día de la final de Bruselas contra el Partizán, De Felipe protagonizó una estampa de otro tiempo. Agarró fuerte una medalla de la Virgen de la Soledad, patrona del pueblo de sus padres (Horche, en Guadalajara), que le había acompañado en todas las eliminatorias, y conminó a sus compañeros a que hicieran piña y se encomendaran a ella: «La Virgen nos acompañará. Si ganamos, le llevaremos un ramo de flores». La Soledad cumplió su parte; Amancio y Serena con sus goles hicieron el resto, y toda la plantilla realizó la ofrenda prometida. De Felipe regresó como un héroe a su pueblo.

Aquella final también será recordada por un reportaje gráfico en el que aparece De Felipe junto a Betancort, Pirri, Velázquez, Sanchís y Grosso, todos ellos con unas pelucas que emulaban a los Beatles, y que rodeaban al veterano del equipo, Paco Gento. A partir de entonces, todos se referirían a ese equipo como el Madrid yeyé, en el que De Felipe también consiguió una Copa y cinco Ligas. Una grave lesión de menisco, de la que fue operado en 1969, y unas supuestas diferencias con Bernabéu le enseñaron la puerta de salida del Real Madrid en 1972. Colgó las botas en el Español en 1978 y luego se convirtió en exitoso representante de marcas deportivas y agente de jugadores. Pero siempre se le recordará por su gran noche. Aquella en que Muñoz le encargó secar a Mazzola.

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