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La madre que alejó al MVP del hambre y las drogas

Marca Marca 03/06/2014 marca.com

La historia de Shabazz Napier resulta familiar en la NBA. Un jugador que crece en un entorno hostil con una familia atípica. En este caso sin padre conocido, Napier fue criado sólo por su madre Carmen Velasquez, soltera y de orígenes puertorriqueños. Napier se crió en Boston y desde pequeño supo que llegar a lo más alto sería complicado. Sin embargo, su madre le enseñó que con trabajo, sacrificio y esfuerzo todo es posible.

22 años después, Napier es campeón de la NCAA dos veces y MVP de la última final con los Huskies. Todo ello pese a que en su infancia no le dejasen jugar en las canchas callejeras de Washington Park. Allí, escoltado por su madre, conoció al que sería su primera gran referencia en el mundo del baloncesto: Will Blalock.

Shabazz Napier, uno de los talentos del futuro © Shabazz Napier, uno de los talentos del futuro Shabazz Napier, uno de los talentos del futuro

La influencia de Blalock en Shabazz es increíble: "Si no le hubiera tenido a mi lado no estaría donde estoy ahora. No sé qué habría hecho pero no estaría en la NCAA ni en la NBA. Me ha mantenido siempre por el bueno camino", explica el base de Uconn sobre su particular guardaespaldas desde la infancia. Seis años mayor que él, Blalock siempre cuidó de Napier en las canchas y fuera. Gracias a él dejaron jugar al pequeño Napier en una cancha que era terreno prohibido hasta que su padrino intercedió.

Carmen confiaba en el que fuese jugador de Iowa State y que acabase siendo un trotamundos tras no encajar en los Pistons: "Estaban juntos siempre y yo no tenía motivos para preocuparme demasiado", confiesa la madre, que tenía que criar a otros dos hijos sola. Pasaba los veranos con su amigo Blalock hasta que éste se fue a la universidad, Napier apenas tenía 12 años pero el vínculo entre ambos siguió intacto.

El hambre y las drogas rondaron la infancia de uno de los candidatos a estar en la primera posición del draft de 2014. Los malos resultados académicos obligaron a su madre a hacer un esfuerzo extra para alejarle de las calles y con ayuda del talento para el baloncesto conseguirle una beca en un instituto internado. Repitió curso y consiguió combinar a la perfección baloncesto y libros.

En 2009 Shabazz estalla. El pequeño base de Boston recibe varias ofertas de la primera división de la NCAA. Su descaro en la cancha en el último año del instituto convoca a los ojeadores de todo el país en la cancha de Lawrence Academy. Una temporada 29-0 y su actuación estelar con 23 puntos, 8 asistencias y 8 robos en la final ante jugadores firmados con Duke, Arizona o Georgetown le lanzan al panorama nacional.

El base tiene que cambiar de escuela durante unos meses para poder dejar la estricta estructura de Lawrence, que le obligaba a seguir un año allí, y dar el salto a la NCAA. Al aterrizar en Connecticutt se encontraría con otro ángel de la guardia: Kemba Walker. Desde el primer día sincronizaron, en la cancha y fuera, pese a que el novato obligó al de los Bobcats a esforzarse al máximo.

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