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La reencarnación de Nasri

SPORTYOU SPORTYOU 27/09/2016 Julián Ávila
La reencarnación de Nasri © Getty Images La reencarnación de Nasri

Al norte de Marsella hallamos el barrio de Septemes les Vallons, un suburbio confeccionado con viviendas de bajo coste que acogen a las familias más humildes de la ciudad. El paisaje es de contrastes: desde edificios cochambrosos con fachadas desconchadas hasta llamativos vehículos de alta gama de dudosa procedencia aparcados sobre un asfalto que pide a gritos un lavado de cara.

Allí, entre sus estrechas y oscuras calles, se crió Samir Nasri, el mayor de cuatro hermanos (una hermana y gemelos, además de él). Su madre administraba como ama de casa el escaso salario que ingresaba el padre como conductor de autobuses en una de las líneas de la ciudad.

La calle fue la escuela cultural y futbolística de Samir. Allí aprendió a esquivar los problemas de la vida y a regatear a todos sus amigos cada vez que disputaban un partido de fútbol. Sus habilidades le llevaron a un club de la zona, en el que jugó hasta que uno de los ojeadores del Olympique de Marsella le rescató para el fútbol de elite.

Por entonces, Samir Ben Said (adoptó el apellido de su madre inicialmente) vio ganar a Francia la Copa del Mundo de 1998 con Zidane, Deschamps, Barthez, Blanc, Karembeu... Como cualquier adolescente francés, soñaba con vestir algún día la camiseta del gallo.

Tras un prometedor inicio en la Premier, le retiraron el permiso de conducir y salió de las convocatorias de Francia

Su auge en Marsella fue meteórico. En la temporada 2008-09, con 21 años, llegó a la Premier League avalado por Arsene Wenger. En su segundo año sufrió una importante lesión en la pierna derecha que le dejó tres meses fuera de la competición. Su mejor temporada fue la siguiente, la 2010-11, cuando fue candidato al trofeo al Mejor Jugador de la Premier y Mejor Jugador Joven, aunque se quedó sin ellos. El primero fue para Gareth Bale y el segundo para su compañero de equipo Jack Wilshere.

Ese verano se marchó al todopoderoso Manchester City. Ahí se agudizaron algunos problemas que venía arrastrando desde hacía algún tiempo. En el año 2013 fue condenado por la Justicia a seis meses sin carnet de conducir por acumulación de multas con sus vehículos de alta gama. La cadena de incidentes le llevó a perder el papel de actor principal en el equipo, así como en la selección, hasta el punto de no acudir al Mundial de 2014 en Brasil.

Guardiola no contó con Nasri

Con la llegada de Pep Guardiola al banquillo del City, el arranque no pudo ser peor. Nasri llegó con sobrepeso a la concentración de pretemporada y apareció en una fotografía con amigos de dudosa reputación que generaron todo tipo de comentarios negativos. Guardiola, de acuerdo con la dirección deportiva, decidió que ese tipo de vida de excesos era incompatible con su proyecto. Le colocaron el cartel de transferible o cedido. El Sevilla y Jorge Sampaoli, su nuevo técnico, vieron en él un jugador idóneo para cubrir el hueco dejado por Banega, ahora en el Inter. Tras perderse el estreno en la Champions League ante la Juventus, este martes podría tener su primera oportunidad. Y precisamente ante un rival francés, el Olympique de Lyon.

La apuesta era arriesgada, más para una ciudad como Sevilla. Sin embargo, de momento, Nasri ha respondido de manera positiva a la llamada de su nuevo equipo hasta el punto de que la grada ya le ve como una referencia sobre el campo. Las palabras de su entrenador en la previa del encuentro ante el Olympique de Lyon en la Champions League así lo corroboran: "Estoy feliz de la llegada de Samir, porque la propuse y le venía esperando desde hace tiempo. Creo que en el mundo hay muy pocos jugadores con esa capacidad de juego. Si sigue a este nivel, seguramente tendrá oportunidades en su selección. Creo que, por su naturaleza, siempre es un conductor. Él sintió que el equipo le necesitaba más atrás y de verdad que estoy contento de que lo hiciera; porque él, con mucho fútbol, ayudó a lograr el empate [ante el Athletic] y a controlar el juego".

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