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La 'revolución' que prepara el Real Madrid

ABC ABC 29/02/2016 Tomás González-Martín
Zidane y Florentino Pérez. © Diario ABC Zidane y Florentino Pérez.

El Real Madrid tiene decidida desde hace tres meses, tras las derrotas ante el Barcelona, el Sevilla y el Villarreal, una reforma absoluta de su plantilla. La decepción soportada el sábado frente al Atlético ha confirmado una revolución que el club ejecutará sin remisión. Es el veredicto que sanciona también una plantilla mal planificada, sin recambios para Benzema y Marcelo. Las declaraciones de Cristiano son solo la punta de un iceberg que se deshace y necesita rehacerse.

Florentino Pérez, su Junta directiva, José Ángel Sánchez y la dirección deportiva subrayan que el equipo sufre un descenso de rendimiento, de carácter y de energía que ya le costó el puesto a Carlo Ancelotti en mayo. Se creyó entonces que la crisis, nacida con las derrotas copera y liguera ante Simeone en enero y febrero del año pasado, era un problema de entrenador.

Se fichó a Benítez para enderezar ese bajón de nivel, pero su mano dura, deseada por los dirigentes, se topó con un esquema de juego defensivo, rígido y al contragolpe que los jugadores no aceptaron. La protesta de muchos futbolistas titulares y de la afición obligó al presidente a cesar a Benítez. Llegó Zidane con la esperanza de que ese grupo de figuras rindiera mejor. No ha sido así. Están a gusto con el técnico, pero le torean. No hacen en el césped lo que hablan en el vestuario. El club ha constatado que la crisis «es un problema de futbolistas, no de entrenador». Y planifica el adiós de cinco o seis hombres para obtener un conjunto con mayor ambición y sacrificio.

¿Quién estará en esa lista de transferibles? Si cada jugador hace autocrítica de su rendimiento, sabe si estará señalado o no. El análisis interno es directo. Los hechos evidencian que ni Benítez ni Zidane han podido detener el descenso de nivel de juego del Real Madrid.

Este grupo de futbolistas no rinde como conjunto. Son individualidades incapaces de sacrificarse en defensa. Falta liderazgo. Se echa de menos un Xabi Alonso que grite, mande y juegue. Y en el fondo se acusa una falta de madridismo de cuna. Tanto fichaje extranjero hace difícil asimilar lo que significa ponerse esa camiseta. No se ha mamado leche blanca del Bernabéu o Valdebebas.

Lewandowski, Hazard e incluso Pogba y de Gea esperan esa «liquidación por cambio de plantilla» para protagonizar con nombres una revolución a la que puede sumarse Borja Mayoral, Asensio y Vallejo. Zidane ha manifestado que le encantaría contar con el delantero polaco y el centrocampista francés. Pero este es un segundo capítulo. Primero hay que concretar las bajas. Antes de entrar dejen salir.

Es pronto para cerrar el grupo de jugadores transferibles. El devenir de la Champions y el final de Liga determinará la lista. Ahora mismo, analizado el nivel de juego del plantel, esa autocrítica de cada jugador señala a James, Jesé, Casemiro e Isco como profesionales de incierto futuro, un compendio al que se sumaría Benzema, de quien no se duda futbolísticamente, si llegara Lewandowski, pues la entidad tiene definida la filosofía de «no tener dos figuras para luchar por el mismo puesto». Arbeloa, que acaba contrato, abrirá la lista.

El colombiano está en el centro de la diana. Tras un primer año triunfal, su campaña actual es decepcionante. Su continuidad dependerá de su deseo de seguir y de su progresión deportiva. El problema, no obstante, no es solo James. Es el equipo en general.

El técnico debe ganarse su continuidad

Zidane hará la reforma del plantel en julio si es semifinalista en la Champions y segundo o tercero en la Liga. No es el culpable de la situación. Ha tomado la responsabilidad de dirigir una plantilla viciada que él no ha elegido. Florentino Pérez, José Ángel Sánchez y la dirección deportiva decidieron hace unos días que Zidane liderara la reestructuración de futbolistas para la próxima temporada. Se consultarían con él los fichajes necesarios. Pero la derrota frente al Atlético ha agravado la sensación de impotencia del equipo vivida en los decepcionantes empates ante el Betis y el Málaga, de manera que el futuro del entrenador tampoco está asegurado. El propio Zidane se puso la interrogación después de la derrota en el derbi.

Al técnico se le achaca falta de firmeza para imponerse a unos futbolistas curtidos que no cumplen las estrategias, especialmente la defensiva, que él ordena. Se delata cierta mano blanda por esa cercanía tan estrecha con la plantilla, que se considera que tampoco es buena.

«Zizou», como le llaman los veteranos, no es tonto y en el derbi ya tomó medidas drásticas, porque la crisis del equipo comienza a comérsele a él. Sentó a James e Isco, dos ceros a la izquierda frente a Simeone, y sacó a Lucas y Jesé con el fin de abrir el campo y ganar velocidad.

No hay intocables

El jefe del plantel no encontró el empate con los cambios, pero sí lanzó un mensaje: quitará del once a los titulares que no merezcan esa consideración, antes de que le quiten a él del banquillo. Está decepcionado con la falta de sacrificio y de reacción de algunos de sus hombres. No esperaba esa carencia de recursos y tanta incapacidad, física y técnica.

Zidane debe ganarse su continuidad en el cargo el próximo año. Si llega al menos a semifinales de la Champions y termina segundo o tercero en la Liga, permanecerá en el puesto la siguiente emporada. Si cae en cuartos de final en la Copa de Europa y es cuarto en el campeonato español, su futuro estará en el alero, como el de muchos futbolistas.

Que no le arrolle el equipo

El francés puede pagar caro el precio de una crisis que él no ha generado. Florentino Pérez tuvo que poner sobre la mesa su carta blanca dos años antes de lo deseado. Para el presidente no fue lo idóneo dar la oportunidad a un novato en un momento difícil. Y el estreno de Zidane al más alto nivel ha reafirmado la necesidad urgente de un cambio en la plantilla que puede arrollarle a él.

Las elecciones dependen de la Champions

El presidente del Real Madrid escuchó por tercera vez esta temporada los gritos de «¡Florentino, dimisión!» y las elecciones a la presidencia, previstas para junio de 2017, se han convertido ahora en un punto de interés anexo a la crisis futbolística. La oposición y un importante sector del madridismo en general le acusa de una mala gestión deportiva, basada en grandes fichajes y en el marketing, sin una planificación de estilo de juego y de plantilla. Por ello solicita que los comicios se adelanten un año, para celebrarlos en junio. El dirigente es quien debe tomar esa decisión.

En principio tenía pensado agotar su mandato hasta 2017 y convocar entonces a las urnas. Los resultados deportivos pueden hacer variar esa postura inicial. La Copa de Europa marcará el calendario del club.

Si el Real Madrid hace una buena Champions se mantendrá 2017 como cita electoral. Sin embargo, si el equipo cayera en cuartos de final de la competición continental y además acabara tercero o cuarto en la Liga, el máximo responsable de la entidad meditaría ese anticipo de las elecciones.

Avalar 87 millones

El Real Madrid es un club deportivo, no es S.A., y la Ley del Deporte exige avalar el 75 por ciento del presupuesto, 87 millones de euros, pues el de la temporada 2015-16 asciende a 581,555 millones, para poder ser candidato a la presidencia. Florentino Pérez tiene previsto presentarse, sea ahora o en 2017, y su candidatura frena que otros aspirantes se atrevan a dar el paso adelante.

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