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La selección española y una bonita mentira

SPORTYOU SPORTYOU 25/03/2016 David de la Peña
La selección española y una bonita mentira © Getty Images La selección española y una bonita mentira

El partido que España disputó frente a la selección italiana ha vuelto a disparar las dudas sobre el rendimiento del conjunto de Vicente del Bosque. Por supuesto, el hecho de tratarse de un encuentro amistoso y que en el once inicial faltasen los dos jugadores más importantes para que el combinado español sea capaz de jugar bien -Busquets e Iniesta- obligan a poner el asterisco sobre cualquier valoración al respecto.

2008, 2010 y 2012 han dejado un legado capital en el fútbol español. La convicción de saber qué camino te lleva a ganar es el bien más valioso en el mundo del fútbol, y que una actuación como la que se dio en el Mundial de Brasil pueda tacharse de accidente es también herencia, no solo de aquellas victorias, sino de la forma en que se produjeron.

Sin embargo hay que ser realistas y comprender que un monopolio como aquel está fuera de toda lógica. El auge de aquella selección española tuvo dos pilares básicos. El primero fue su acaparamiento del balón, que la convertía en la máquina defensiva más perfecta de la historia -casi nunca le atacaban- y que dependía de Xabi Alonso, Sergio Busquets, Xavi Hernández y Andrés Iniesta. La segunda fue su contundencia en las áreas. Casillas, Puyol y David Villa estaban entre las tres individualidades más poderosas del mundo en cada una de sus posiciones.

España debe agradecer que a día de hoy se tenga claro que Mata, Silva, Cazorla, Isco o Cesc Fàbregas son el mejor camino hacia la victoria, y no porque esta idea sea mejor que otra, sino porque tiene convicción en ella. Pero también tiene que comprender que lo que teníamos antes es prácticamente irrepetible, y que hay rivales durísimos que marcan un contexto mucho más realista. Entender esto, aceptar que los partidos estarán más sujetos al azar y combatirlo con armas de distinto perfil -Diego Costa, Aduriz o Morata- será clave para competir. De momento podemos agradecer que sea cual sea el rival mirará a España como una candidata, pero también aceptar que sentir que ganar era lo lógico era una bonita mentira.

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