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Las miserias de 'La Fábrica', al descubierto

El Economista El Economista 13/05/2016
Anteriormente, Sául Ñíguez -ahora en el Atlético de Madrid- desató la polémica al revelar su sufrimiento como canterano blanco. © Reuters Anteriormente, Sául Ñíguez -ahora en el Atlético de Madrid- desató la polémica al revelar su sufrimiento como canterano blanco.

Hace no mucho tiempo Saúl Ñíguez, brillante centrocampista ahora en el Atlético de Madrid, desató la polémica al contar las vejaciones a las que fue sometido en el Real Madrid en su fugaz paso por 'La Fábrica', nombre que recibe la cantera blanca. Aquello parecía un episodio aislado, pero nuevas denuncias apuntan a todo lo contrario. Ser jugador de las inferiores merengues parece de todo, menos sencillo.

Ignacio Martín, defensa canario de 22 años, lo sabe de primera mano. Jugó en el juvenil blanco en la temporada 2008-2009 antes de marcharse al Tenerife y, desde allí, comenzar una carrera que le ha llevado hasta EEUU, donde ahora juega como miembro de los Delawere Blue Hens, un conjunto vinculado a una universidad estadounidense de Delawere.

Ahora, desde la distancia y la madurez que le aportan los años, ha decidido contar su experiencia en 'La Fábrica' y lo ha hecho para desnudar las miserias que se viven en Valdebebas.

"Son las 8 de la mañana y las planchas para el pelo ya están calientes. Los tarros de cera, la gomina y los otros productos cosméticos se encuentran al alcance de la mano y los más pequeños luchan por encontrar su reflejo en el espejo, que está tapado por los cuerpos de los mayores que tienen un lugar privilegiado en los baños"; empieza a relatar en una carta abierta publicada en Vice.com.

"Bienvenidos al submundillo metrosexual de la cantera del Real Madrid", describe mientras comenta cómo el reggetón suena a todo volumen en los equipos de música portátiles que sus compañeros llevaban al vestuario. Esos equipos los pagaban con el sueldo que les daba el club. El mínimo (lo que pagaron a él con apenas 16 primaveras) era de 200 euros más todos los gastos pagados de residencia, desplazamientos y demás. Otros jugadores recibían "auténticos sueldazos".

"También solían tener contratos con grandes marcas deportivas como Adidas o Nike que les permitía seleccionar productos (como botas y todo tipo de ropa) de un catálogo y pedirlos sin coste alguno para ellos, causando la envidia de otros tantos, incluido yo", continúa relatando en Vice. Algunos casos, sin embargo, rozaban un esperpento mayor si cabe. "Entre los mayores, hubo un caso bastante notorio en el que un jugador se compró un Audi nuevo sin siquiera tener carnet de conducir", desvela.

Lujos que se combinaban con la miseria de, por ejemplo, asumir problemas nutricionales serios. "Había muchas ocasiones en las que llegabas a entrenar muerto de hambre porque, con toda honestidad, creo que la alimentación estaba lejos de ser la más idónea para muchachos de nuestra edad, y más siendo deportistas de élite. Y lo peor es que nadie vigila si comes o no", comenta al medio citado.

"Suponiendo que cuentes con algunos minutos después de cambiarte, afrontas otro dilema: si comes algo porque no puedes aguantar el hambre te arriesgas a vomitarlo en el entrenamiento, si no comes, te arriesgas a sufrir un desmayo. El hecho de no comer ni descansar bien causa una erosión lenta de tu sistema inmunológico, dando pie a que no rindas adecuadamente en los entrenamientos, partidos, o mucho peor, que sufras una lesión", añade.

Esas sesiones, esos entrenamientos, eran una verdadera tortura por las humillaciones que sufrían. "Cada entrenamiento era extremadamente exigente. Muchas veces, un pase fuera de lugar aquí o allí se criticaba o provocaba un silencio en el campo; un mal desplazamiento, un fallo en la colocación o un ejercicio mal acabado se castigaba con la notable desaprobación de los entrenadores y de los preparadores físicos", desvela.

Con todo, Ignacio Martín afirma que lo peor de todo era la mala educación que recibió en aquellos años. "Llegábamos de entrenar a las diez de la noche, cenábamos y de vuelta a la residencia. La forma en la que estaban estructurados los horarios, la carga de entrenamientos y el cansancio constante se convertían en factores que hacían que estudiar fuese insostenible, sobre todo en época de exámenes trimestrales. A esto hay que añadir que, aunque tengas tiempo libre no siempre significa que lo utilices de manera eficiente, también cuentas con las distracciones normales de un niño de esa edad", insiste.

Pese a todo, alguno de sus compañeros llegó lejos. Ignacio señala a un futbolista presente en la semifinal de la Champions entre el Real Madrid y el Manchester City. No lo nombra, pero no es difícil imaginar que ese futbolista era o Jesé (futbolista de la misma quinta de Ignacio Martín) o Dani Carvajal (dos años mayor que él).

"Con toda honestidad, el corazón se me alegra al saber que un compañero que realmente lo merecía ha conseguido llegar, pero lo que no te muestran las cámaras es que él se encontraba dos cursos por detrás del resto de nosotros", desvela.

"Él -continúa- era un muchacho inteligente que se estaba dedicado completamente al futbol, pero ¿cómo se las hubiera arreglado si éste hubiera sufrido una lesión que le hubiera impedido jugar otra vez?", se pregunta.

Por último, Ignacio también revela cómo en aquel Real Madrid sacudido por la inestabilidad institucional (fue el año de la dimisión de Ramón Calderón), la última palabra sobre las decisiones de los canteranos no la tenían sus entrenadores, sino sus directivos.

"La gente se extraña cuando les cuento que el día en el que me dieron la patada después de finalizar la pretemporada con el Juvenil C me sentí liberado", empieza a relatar.

"Ya estábamos alejándonos de la capital, recibí una llamada de mi entrenador Luis Miguel Ramis -que ahora entrena al Castilla- preguntándome que dónde diablos me encontraba y por qué no había ido a entrenar. Yo, incrédulo, le respondí sencillamente que me habían echado, a lo que él me respondió que no le habían notificado nada al respecto. Tu entrenador es la persona que más te conoce como futbolista y es más indicado para decidir si vales o no, pero eso daba igual aquí", describe antes de afirmar que ahora, lejos de aquel ruido, se siente feliz en EEUU.

"Llegué a la conclusión de que el verdadero fútbol, el que yo amaba con pasión, estaba en las calles, en los equipos de barrio y en los amigos que allí haces", concluye su texto.

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