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Las nueve Copas de Europa del Real Madrid

Marca Marca 20/05/2014 marca.com

La primera vino de París con remontada
El Real Madrid, como campeón de Liga de la temporada 1954-1955, se ganó el derecho a participar en una nueva competición a nivel continental que se denominó, en un principio, Copa de campeones europeos. El club blanco colaboró activamente en su creación y puesta en marcha con la presencia de su presidente, Don Santiago Bernabéu, en el primer comité organizador. Dieciséis fueron los clubes que participaron en esa primera edición.

Reportaje / Capítulo I © Reportaje / Capítulo I Reportaje / Capítulo I

José Villalonga era el técnico y el primer encuentro lo disputó en el estadio de Charmilles de Ginebra ante el Servette (Suiza) y acabó con un cómodo triunfo (0-2). Muñoz y Rial marcaron los goles. La gran noticia de aquel partido fue la audiencia que la familia real española concedió a la expedición blanca en Lausana, donde pasaba unos días de descanso en la residencia de la Reina Victoria Eugenia, viuda de Alfonso XIII. Don Juan y su hijo Juan Carlos, hoy Rey de España, también asistieron al encuentro.

En la vuelta, nueva victoria madridista con goleada (5-0). En cuartos de final, primer gran susto para el Real Madrid. Después de golear en Chamartín al Partizán yugoslavo (4-0), en la vuelta en Belgrado, en el llamado partido de la nieve, a punto estuvo de caer eliminado (3-0). También encauzaron los blancos en su estadio las semis ante el Milán (4-2). La derrota mínima en San Siro no hizo nunca peligrar la final.

París, como homenaje al diario L'Equipe, que fue el precursor de la idea del torneo, fue sede de la primera final: Parque de los Príncipes. El otro finalista, el Stade de Reims, el campeón galo. Se podía decir que el Madrid jugaba en campo contrario. Y a decir verdad el factor campo se notó al principio. Entre los nervios de los madridistas y la motivación local, el partido se puso con un claro 2-0 a su favor en los 10 primeros minutos.

Reacción inmediata. Di Stéfano y Rial colocan el empate. Se vuelve a poner por delante el Stade, pero Marquitos y Rial vuelven a dar la vuelta al marcador. Tanto la prensa como la afición francesa se rindieron al brillante juego ofensivo del equipo español.

El susto del Prater y la fiesta en casa
La segunda, por los equipos y por los resultados, resultó bastante más complicada que la primera, aunque tuviera el premio de que la final se iba a disputar en casa por el hecho de ser el campeón en ejercicio. Para revalidar el título, el Real Madrid había fichado al mejor de su rival en la final anterior, al francés Raymond Kopa.

El primer gran susto ya se lo llevaron los blancos en la primera eliminatoria. El Rapid de Viena plantó cara. Victoria española en Chamartín (4-2). Triunfo austriaco en el Prater (3-1). Entra, entonces, en juego la diplomacia de Raimundo Saporta, mano derecha de Santiago Bernabéu, que convence al rival para que el partido de desempate se celebre en Madrid. Una ayuda económica y la certeza de que en el mes de diciembre en Viena el frío podía afectar al terreno de juego fueron dos razones de peso.

Un poco más de sosiego en cuartos con sendas victorias ante el Niza. Y en semifinales el Real Madrid se cruza con el campeón inglés, el Manchester United. Matts Busby comenzaba a dar forma a un gran equipo que al año siguiente (6-2-58) sufriría el gravísimo accidente de Múnich en el que perdieron la vida 23 personas, ocho de ellos futbolistas.

El Real Madrid, según las crónicas de la época, disputó sus dos mejores partidos de la temporada ante el Manchester United. En el Bernabéu la goleada pudo ser de escándalo, aunque el partido acabara 3-1 y los ingleses se marcharon convencidos de que en Old Trafford todo sería distinto. No lo fue porque dos goles de Kopa y Rial frenaron los ánimos de una afición vociferante y ruidosa. Todos los jugadores blancos que disputaron aquel partido, hicieron hincapié en el tremendo ambiente que presidió el partido. "Era otra forma de vivir el fútbol. Cuando Charlton marcó el gol del empate (2-2) y quedaba media hora, apretaron más que nunca. No nos escuchábamos entre nosotros".

Y en la final, el campeón italiano. La Fiorentina. Se dijo que ese día en el estadio Bernabéu entraron 120.000 aficionados. Al Madrid le costó ganar. Hasta mediada la segunda parte no saltó el catenaccio. Los italianos se limitaron a defenderse.

Paliza al Sevilla y la final más compleja
Cambios en relación a las dos primeras Copas. El argentino Luis Carniglia sustituye a Villalonga en el banquillo y se incorporan al equipo el central uruguayo José Emilio Santamaría y el medio Juan Santisteban, que coge el relevo de Miguel Muñoz. Después de eliminar al Amberes con comodidad, en cuartos, el Real Madrid se encuentra con el Sevilla que, como subcampeón de la Liga española de la temporada anterior y al haber ganado el Madrid la Copa de Europa y la Liga, se estrenaba en la competición. Inesperado el desenlace del primer partido. El Madrid venía de perder 3-0 ante el Sevilla en la Liga y nada hacía presagiar semejante goleada: 8-0.

Nada menos que cuatro tantos de Di Stéfano, dos de Kopa, uno de Marsal y otro de Gento. La vuelta fue un mero trámite (2-2). Di Stéfano, gran protagonista del partido, cuenta que tras el encuentro de Liga viajaron a Madrid en tren juntos con los jugadores del Sevilla y que sacaban pecho por su triunfo en la Liga. Esa situación les motivó aún más. El partido fue muy duro y fueron expulsados Campanal (Sevilla) y Marsal (Real Madrid).

El Vasas de Budapest tampoco fue rival en semifinales, aunque tras el 4-0 del Bernabéu se relajaron y perdieron en la vuelta (2-0).

Tercera final consecutiva. El escenario, el estadio Heysel de Bruselas, con el Atomium recién inaugurado como mudo testigo. Gran partido. Posiblemente la final más igualada de las tres. El Milan tenía un gran equipo con el sueco Liedholm, el argentino Grillo, el uruguayo Schiaffino y los italianos Fontana, Maldini y Beraldo.

Primera parte muy tensa y sin goles. Por dos veces se adelantaron los italianos y por dos veces respondió el Madrid, que no pudo evitar que el partido se fuera a la prórroga.

El extremo reconoce que marcó el tanto más importante de su vida. "Fue el partido más difícil de todos los que habíamos jugado hasta entonces en la Copa de Europa. El Milan jugó mejor que nosotros, pero cada vez que se adelantaban les respondíamos. Todos nos querían ganar a toda costa. En el descanso el equipo estaba fundido y llegamos a la prórroga. Fue cuando Di Stéfano me dijo que eso o lo solucionaba yo con una carrera o no lo solucionaba nadie. El gol no fue una acción individual. Fue una jugada de Alfredo, me llegó el balón y rematé. No sé cómo no chocó en alguien porque delante de mí había veinte piernas".

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