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LeBron exhibe su corona

AS AS 09/06/2014 Iñako Díaz-Guerra
© MIKE STONE

A nadie en su sano juicio se le ocurre meter la mano en la boca de un tigre ni pegarle con un palito ni hurgar en la herida que tiene en la pata. Lo sabía perfectamente San Antonio, que se pasó los dos días anteriores al partido tirando flores a LeBron, reconociendo la importancia de su lesión en el primer encuentro y evitando cualquier palabra que pudiera incomodarle. Por desgracia para los Spurs, fueron los únicos. Durante 72 horas, los calambres de James y su retirada de la cancha a la sillita de la reina fueron objeto de chanzas y críticas, que si era blando, que si dejó tirado a su equipo (sí, al mismo que ha llevado a dos títulos y cuatro finales seguidas) que si tal, que si cual. Y, claro, la bestia se enfadó y sucedió lo inevitable: 35 puntos, 10 rebotes, victoria para los Heat (96-98) y 1-1 antes de viajar a Miami en unas Finales apasionantes.

El primer cuarto, sin embargo, resultó muy inquietante para los de Florida. Duncan, que deja a Dorian Gray en un aprendiz, se marcó otra exhibición vintage para acabar el periodo con once puntos y San Antonio bailando a su ritmo feliz como si les guiase Fred Astaire. Y en cierto modo, así era. En homenaje al señor mayor al que todos sus compañeros siguen llamando Timmy, como si la mayoría de ellos no estuvieran en el instituto cuando él ya ganaba anillos, San Antonio sacó a bailar a un grupo de animadoras que ya pueden viajar en tren con precio reducido. El AT&T Center es Cocoon. Y quizás obnubilado por tanto fenómeno extraño, LeBron fue un alma en pena, haciendo temer que el dolor aún siguiera ahí. Termino el cuarto con 26-19 para los locales y sólo dos puntos, por cinco pérdidas, entre James y Wade. Los haters se frotaban las manos.

Y empezaron a preparar las copas cuando los Spurs se fueron por once puntos (30-19) con un quinteto totalmente extranjero: Mills (Australia), Ginóbili (Argentina), Belinelli (Italia), Diaw (Francia) y Splitter (Brasil). Con ustedes, Popovich y Buford, desenterrando talento desde el siglo pasado. Pero hay fuerzas de la naturaleza que ni los genios pueden detener. Justo entonces apareció LeBron desencadenado, que es uno de los espectáculos más impresionantes de presenciar en directo. Nueve puntos casi seguidos del Rey, bien acompañado por un aguerrido Bosh al que costaba reconocer, voltearon la situación en un suspiro, lo que tarda Miami en robar y anotar en esa transición supersónica e imparable marca de la casa. Empate al descanso: 43-43.

En la segunda parte el encuentro dio un salto de calidad fabuloso. Se animaron los secundarios en un bonito intercambio de triples: Green, Kawhi y Mills son francotiradores habituales en los Spurs, pero los productores de The Walking Dead deberían fijarse en si se les ha escapado un zombi del rodaje y está jugando estas finales bajo el nombre de Rashard Lewis: 14 puntazos para un jugador del que el mundo (y Spoelstra) se había olvidado. Y mientras los demás buscaban su minuto de gloria, LeBron seguía instalado en ella, con doce puntos en 2:20 minutos para enmarcar. Hay veces que da igual lo que hagas contra él: estás muerto sin remisión. Sin embargo, con Wade desaparecido, a James le respondían por turnos Duncan, Parker y Ginóbili y el tres contra uno estaba igualado, con los Spurs uno arriba antes el periodo definitivo.

Entonces empezaron a pasar cosas raras. La primera, ver como un tipo disfrazado de coyote (la mascota local) enfervorizaba a 18.500 espectadores a niveles increíbles. En serio, Texas es un lugar extraño. Después, cuando un cruce de cables de Chalmers, cuyos minutos en cancha comienzan a resultar injustificables, les dio la oportunidad de coger cierta distancia a falta de seis minutos, Parker y Duncan fallaron cuatro tiros libres seguidos en lo que LeBron enchufaba cinco puntos y nivelaba la cosa. Pero seguía muy solo y San Antonio llegó un punto arriba al último minuto y medio, antes de que aparecieran los dos salvavidas que Miami necesitaba: los Spurs comenzaron a encadenar malas decisiones en unas últimas posesiones horribles y Bosh asumió el papel de Robin para Batman LeBron, que ha aprendido otro truco del libreto de Jordan: en los últimos minutos ser el héroe es decidir bien, no meterla tú. Así que buscó a Bosh y esté respondió con un triple y una asistencia a Wade que sentenciaron. Se han jugado 96 minutos de Final y en los 71 que ha estado en cancha LeBron, Miami ha metido 11 puntos más que los Spurs. En los otros 27 minutos, los Spurs han ganado por 24. Saquen sus conclusiones. Y quienes quieran que pierda LeBron, no vuelvan a enfadarle. No sean suicidas.

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