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LeBron James contra el mejor equipo del mundo, parte 4

AS AS 12/06/2014 Iñako Díaz-Guerra

Como los jugadores y entrenadores atienden a los medios todos los días durante las Finales, llueva, nieve o haga sol, en pocos días tienes material para elaborar un superficial perfil psicológico de cada uno. Ves que mientras Popovich maneja a la prensa a su antojo con sarcasmo, inteligencia y el disfraz de entrañable abuelo cascarrabias, Spoelstra aún se muestra demasiado intenso para el carrerón que lleva con sólo 43 años: cada error le quita dos meses de vida y se flagela en público con una crueldad exagerada para su brillante labor en estos Heat, que eran un jeroglífico y hoy son bicampeones.

En los Spurs, Ginóbili se explica como el mejor analista televisivo: conocimiento y sentido del espectáculo; Duncan dice poco, manda mucho y no se inmuta con nada; Parker tiene carisma y lo sabe, juega con ello, maneja los tiempos; Splitter es el tipo más amable del planeta y Kawhi, el más tímido, da igual que le preguntes tú solo o que le rodeen 50 periodistas ansiosos por sacarle una frase de más de tres palabras, como sucedió ayer tras su exhibición del martes. Cuando les ves a todos juntos, la sensación es de grupo de amigos, cada cual con sus rarezas, cómodos unos con otros. Equipo.

Miami es diferente. LeBron y Wade son los jefes y los demás, la manada. Se llevan bien porque ambas estrellas son grandes líderes, pero ejercen desde el trono, no a ras de suelo. El grupo les respeta y les sigue siempre un paso por detrás. Entre ellos dos se establece una relación curiosa, con Wade, que emana autoridad a lo Bill Russell, intentando proteger en la medida de lo posible a su escrutado compañero. Sirve de poco. Cuando LeBron entra en la habitación, el resto desaparece. Y así llega al cuarto partido de esta noche de nuevo bajo la lupa, su hábitat natural desde los 15 años, un show de Truman real del que sale airoso con un mérito alucinante.

Y es que tras cuestionarse su dureza por los calambres del primer partido, ahora se duda de su implicación defensiva y su concentración (siete pérdidas) después de perder el duelo directo con Kawhi Leonard en el tercero. Al primer órdago respondió con una exhibición para recordar y esta noche, con Miami entra la espada y la pared, se espera otro show para nivelar la serie y volver vivos a San Antonio. Tal vez no sea justo, pero es inevitable. El eslogan que define estas Finales cada vez parece más ajustado a la realidad: un jugador contra un equipo.

Porque en San Antonio ya han sido héroes, por turnos, Duncan, Ginobili, Kawhi y Green y dominan 2-1 sin que su mejor jugador actualmente, Tony Parker, haya mostrado aún su mejor versión. Como la hidra, si le cortas una cabeza le salen otras dos. Pero tres partidos han bastado para demostrar que sin LeBron en plan superhéroe, Miami está frito. Bosh, Wade y Ray Allen tienen destellos, pero no pueden ya arrastrar al equipo durante toda una noche ante semejante enemigo.

Y luego está el drama del base, donde Mario Chalmers ha pasado de poco fiable a incompetente en unas semanas. En lo que va de serie lleva más pérdidas (9) y faltas (12) que canastas (3) y el American Airlines Arena aplaudió sin disimulo cuando Spoelstra le sustituyó el martes. Es imposible jugar peor: si el PER (sistema de valoración utilizado en NBA) medio de la Liga es 15, él está en -0,5 en estas finales. Vamos, que es mejor jugar con cuatro. El año pasado, se inspiró en el segundo (19 puntos) y el sexto partido (20) para resultar fundamental en dos victorias. Ahora mismo, Miami firmaría que no moleste demasiado.

Con este panorama no sorprende que ayer USA Today y ESPN informaran de que Pat Riley, siempre de la mano con LeBron, ya prepara su próximo truco: unir a Carmelo Anthony a su actual Big Three a través de una bajada de sueldo colectiva al estilo de la que unió por primera vez a James, Wade y Bosh. Suena complicado, pero Miami ya ha demostrado que es capaz de orquestar semejante golpe. Por desgracia para ellos, la ayuda no llegaría para estas Finales. Aquí deben remontar a uno de los mejores equipos de la historia con lo que tienen y lo que tienen es al mejor jugador del mundo, que no es poco. Ya hemos visto que eso les basta a menudo y el historial de Miami tras perder en playoffs (ha respondido con victoria a sus 13 últimas derrotas) les convierte en favoritos para lograr el 2-2. Pero también eran favoritos en el tercero y San Antonio les dio un baile. Le guste o no, LeBron es como el alcalde de Amanece que no es poco: los demás son contingente, pero él es necesario. Nada ha generado más leyendas en el deporte que la reacción de un mito ante el peligro. Veremos su respuesta.

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