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Leicester, el campeón que se gestó en una orgía

ABC ABC 03/05/2016 Jorge Abizanda
Seguidores del Leicester City celebran el título tras el empate entre Chelsea y Tottenham. © Reuters Seguidores del Leicester City celebran el título tras el empate entre Chelsea y Tottenham.

El final feliz del Leicester en la Premier League 2015-16 tiene un origen cuando menos peculiar. Un equipo campeón que comenzó a gestarse justo después de que su anterior técnico presentará la renuncia al trascender en la prensa inglesa una orgía mantenida por tres jugadores durante una gira asiática. Una salida inesperada que abría las puertas del club a Claudio Ranieri, el artífice desde el banquillo de una de las historias más bonitas que ha vivido el fútbol. Sin fichajes millonarios, con un grupo de obreros del balón, el técnico italiano ha guiado a una entidad con 132 años de vida a su primer título de liga. Un hombre sencillo y cercano que hace solo unos días desvelaba su secreto en una emotiva carta.

Sin saberlo, la historia del Leicester comenzaba a cambiar en mayo de 2015. Después de ascender hace dos temporadas a la Premier, el pasado curso era agónico y sufría hasta el final para salvar la categoría. Aquel mes, Vichai Srivaddhanaprabha, su generoso propietario, un hombre que llega al King Power Stadium en helicóptero y disfruta invitando a donuts y cerveza a los hinchas, decidió premiar a la plantilla con una gira promocional por Tailandia, su país, como agradecimiento por la permanencia.

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Cuando el equipo regresó a Inglaterra, estalló el escándalo que acabaría provocando la llegada de Ranieri al banquillo. Bendito día, se congratula ahora la afición de los «zorros». Durante aquella gira hubo mucho más que fútbol y la publicación de las fotografías de la orgía mantenida por tres miembros de la plantilla con un grupo de prostitutas tailandesas desencadenó un terremoto. Un escabroso incidente que se complicó porque, además de sexo, también hubo unos lamentables insultos racistas a las meretrices. También vieron la luz y desencadenaron los acontecimientos.

Los jugadores implicados fueron Tom Hopper, Adam Smith y James Pearson, tres futbolistas que no eran estrellas. En el último de los nombres, existía un importante agravante porque se trataba del hijo del entrenador del Leicester. El técnico que había obrado el milagro de la salvación solo unas semanas antes, un ídolo para la afición, aparecía indirectamente en el ojo del huracán. Srivaddhanaprabha no lo dudó ni un instante y despidió inmediatamente a los tres protagonistas del escándalo. Además, llamó a capítulo al entrenador, que no resistió la presión y acabó dimitiendo.

Tocaba buscar el relevo y sobre la mesa apareció el nombre del italiano Claudio Ranieri, un simpático personaje, un técnico veterano que, sin embargo, nunca había levantado una liga. Su última experiencia en los banquillos no invitaba al optimismo porque como seleccionador de Grecia tuvo un palmarés más que dudoso: ganó un partido y perdió tres. Srivaddhanaprabha, ese hombre avispado que triunfa en sus negocios, tuvo también buen ojo para decidirse por un técnico que se ha labrado el cariño, el respeto y la admiración de la afición del Leicester y de todo el fútbol inglés. También el reconocimiento mundial por su gesta, labrada a base de invitar a pizzas a sus futbolistas después de cada victoria.

Nombres como Morgan, Drinkwater, Mahrez o Vardy, el goleador del equipo, han triunfado bajo la pizarra de Ranieri. Jugadores alejados del estrellato, jornaleros del balón, que ahora están en la agenda de numerosos clubes gracias a un técnico que ha sabido explotar al máximo sus virtudes. Un entrenador que llegó a Leicester por una orgía.

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