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Los errores de Emery que condenaron al Sevilla

El Economista El Economista 23/05/2016 Javi Martín

Unai Emery da órdenes durante el partido. © EFE Unai Emery da órdenes durante el partido. La figura de Unai Emery ha crecido en la última década de manera agigantada hasta convertirse en uno de los más grandes entrenadores del fútbol mundial. Pero incluso los genios cometen errores. Y anoche, en la final de Copa del Rey entre el Sevilla y el Barça, los del técnico hispalense lastraron de manera significativa a su equipo.

Errores que, con todo, no pueden borrar el magnífico planteamiento inicial de los sevillanos. El vigente campeón de la Europa League saltó al césped del Calderón con la intención de ahogar al Barça y someterlo a sus dominios. Y lo hizo. Una alta intensidad, un cuidado marcaje sobre Busquets y una explotación óptima de los espacios a la espalda de la zaga culé permitió que incluso 11 contra 11, el Sevilla fuera mejor que el Barça.

Una superioridad que se perpetuó con la expulsión de Mascherano, pero que empezó a diluirse con la toma de decisiones de Emery desde el banquillo. La primera y principal apunta a las sustituciones que realizó el técnico de Hondarribia.

Tardó mucho, muchísimo en meter hombres de refresco en su escuadra. Y eso que él mismo reconoció después del choque que la clave de la derrota fue el agotamiento que sufrieron sus chavales. Pese a ello, el primer recambio en las filas sevillistas llegó en el minuto 79, cuando Mariano dejó su puesto a Konoplyanka.

Ése fue el segundo error del entrenador. El ucraniano rindió muy por debajo de lo que se esperaba de él y vendió a su equipo con una desgana insólita para un futbolista profesional, sobre todo en tareas defensivas. Desbordado por su ineficacia, Coke cayó en la trampa de ofrecerle desdoblamientos por el costado que casi siempre tuvieron el mismo fin: robo de balón culé y salida rápida para, desde el costado izquierdo, castigar a la zaga culé.

Fue en uno de esos desajustes cuando Banega hizo la entrada que le valió la roja y casi el resto del partido a los suyos. El argentino tuvo que acudir en varias ocasiones a apagar el fuego que dejó Konoplyanka. Y fue así como llegó su expulsión.

Aun así, con 10 futbolistas por escuadra sobre el terreno, el Sevilla aun tuvo alguna opción de ganar... pero de nuevo Emery tardó en hacer cambios... o mejor dicho, un cambio. El único que realizó después del citado anteriormente.

Llorente saltó al césped por Iborra en el minuto 106, cuando apenas quedaban 24 minutos para el final del partido, cuando su potencial aéreo ya no se podía aprovechar en medio de una situación de superioridad numérica frente a un Barça que supo sufrir, pero que también se aprovechó de los errores de su rival.

Errores que se produjeron sobre el terreno de juego y que, en arte, estuvieron también propiciados desde el banquillo.

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