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Los rookies, a punto de firmar el segundo peor curso de siempre

AS AS 03/04/2014 Juanma Rubio

Todo el mundo habla de la próxima camada rookie, la que tiene a los equipos perdiendo partidos sin ninguna aprensión y ha generalizado el verbo tanking, tan viejo por otra parte como el propio sistema, entre los aficionados a la NBA. Pero es que hace un año también hablaba casi todo el mundo de los chicos de 2014: Wiggins, Embiid, Parker, Randle, Exum, smart… De los que se hablaba poco o nada a punto de terminar la pasada Regular Season era de la mucho más inmediata generación de 2013, un grupo de novatos de perfil muy bajo que no ha hecho a lo largo de la temporada más que confirmar los peores presagios.

Desde luego, sólo el tiempo pone a los jugadores en su verdadero lugar pero si se miden sus actuales números, pocas veces ha habido un año rookie con una arrancada tan poco vitalista. De hecho, las estadísticas de los nuevos de la 2013/2014 sólo salen airosas en comparación con el que se considera casi por consenso el peor draft de siempre: el de 2000. De aquel año sólo fueron All Star a lo largo de su carrera Kenyon Martin, Jamaal Magloire y Michael Redd, que curiosamente salió con el número 43. El tiempo juzga pero también para bien. Otra de las de arrancada floja por números fue la de 2007, la del número 1 de Greg Oden. Pero en ella figuran, además de Kevin Durant, jugadores que han ido emergiendo hasta convertirse en estrellas: Al Horford, Mike Conley, Joakim Noah, todos Top-Ten, o el propio Marc Gasol, que fue elegido con el número 48.

El último argumento numérico contra los rookies de 2013 lo ha aportado ESPN, que les ha aplicado el “replacement level”, una categoría estadística especialmente utilizada en béisbol que básicamente mide la contribución de un jugador en referencia a la que tendría otro con los valores medios de la liga en su puesto. Con esa medida, 2013 aparece detrás de 2000 y delante de 2007 y 1990 como los peores años en producción numérica de los rookies. En el número de victorias que producen en relación a ese teórico replacement player, naufragan especialmente el número 1 de los Cavs, el por ahora desastroso Anthony Bennett (-1’5), y el alero Ben McLemore (-2’7). Por el contrario, el resultado más positivo es para Kelly Olynuk (Boston Celtics, 1’7) y el futuro Rookie del Año salvo sorpresa improbable, Michael Carter-Williams (2’7).

En realidad, al draft le falta especialmente polvo de estrellas, jugadores que estén dejando a los aficionados con la boca abierta. Eso y una aportación más estable de los elegidos en el Top-Ten. Sin embargo, sí hay un puñado de jugadores con una contribución seria e importante en equipos que estarán en playoffs o luchan por meterse. Es el caso de Steven Adams (pívot de los Thunder), Cody Zeller (Bobcats), Nick Calathes (Grizzlies) o Tim Hardaway Jr. (Knicks). Y por encima de todos de Mason Plumlee, una gran sopresa para los Nets, que le eligieron con el número 22 y han visto como se ha afianzado como titular en ausencia de Kevin Garnett. Pero aunque su aportación es importante sus números no son brillantes y no estará desde luego en la lucha por ser Rookie del Año. Esa carrera es coto cerrado de Carter-Williams con algún acercamiento de Oladipo o Burke a lo largo de la temporada. Apenas una distracción: en 25 de las últimas 26 temporadas, el premio ha sido para el jugador que ha combinado mejores estadísticas entre puntos, rebotes y asistencias. La única excepción, Amare Stoudemire que se impuso a Yao Ming en 2003. Carter-Williams (11 del draft) lidera este año a los rookies en puntos, rebotes, asistencias y robos. Caso cerrado…

Las lesiones han jugado un papel importante en la mala integración de algunos de los recién llegados. Nerlens Noel (número 6) no ha debutado y Alex Len (5) sólo ha jugado 344 minutos. En pretemporada o en el arranque de la temporada también han tenido lesiones Burke, Otto Porter, CJ McCollum o el propio Anthony Bennett. De los diez primeros seleccionados, sólo han jugado más de 1000 minutos Victor Oladipo (2325), Cody Zeller (1266), Ben McLemore (1943), Kentavious Caldwell-Pope 81446) y Trey Burke (1994). Cinco de diez. Bennett apenas ha jugado 647 y ha necesitado 219 tiros para meter 210 puntos. Sus números, como su estado físico durante buena parte de la temporada, son impropios de un número 1: 4’1 puntos y 2’9 rebotes en 12’7 minutos por partido. Lo mismo se puede decir del número 3, Otto Porter, hasta ahora una decepción gigante en los Wizards: 263 minutos (8’2 de media) con 1’8 puntos y 1’3 rebotes. Tampoco McLemore, a priori el anotador de más clase, ha justificado ser el número 7 de los Kings: 8’3 puntos y 2’8 rebotes con un flojo 37% en tiros. Tampoco han confirmado su condición de anotadores calientes ni Caldwell Pope (mal en las sobradas oportunidades que ha tenido en Detroit: 5’8 puntos) ni CJ McCollum, que sólo ha mostrado pequeños trazos del amenazador backcourt (5’3 puntos de media) que podría formar junto a Lillard.

Carter-Williams y Oladipo, que tiene aroma jugador serio de equipo importante, han cumplido con creces. Burke parece un proyecto en el buen camino y todo el mundo cree que los Bucks tienen una bomba en Antetokounmpo y una wild card en Nate Wolters, una grata sorpresa desde el puesto 38. Plumlee, Dieng, Hardaway, Olynyk, Zeller, el tardío Ray McCallum o incluso Ryan Kelly han sacado nota o han tenido al menos momentos prometedores. El problema para el curso de 2013 es que sus referentes no arrancan. Con Bennett, claro, a la cabeza desde el inicio de la temporada.

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