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Los títulos continentales del Atlético de Madrid

Marca Marca 20/05/2014 marca.com
Reportaje / Capítulo I © Reportaje / Capítulo I Reportaje / Capítulo I

Primer entorchado en el desempate
La fecha era un poco rara. El 5 de septiembre de 1962 el Atlético se proclamó campeón de la Recopa de Europa. El empate a uno en el primer partido, disputado el 10 de mayo en Hampdem Park, obligó a jugar un desempate que se fue más allá del verano y a tierras germanas, en concreto a Stuttgart. Si aquel primer envite entre los campeones de Copa de España e Italia terminó en tablas, el segundo match dejó a las claras cuál de los dos equipos era superior. El Atlético se impuso con claridad, contundencia y desplegando un juego sin fisuras. Primera final europea rojiblanca y primer título.

El camino a la final fue relativamente cómodo. Primero cayó el Sedan francés con triungo en el Emile Albeua galo (2-3) y un contundente 4-1 en el Metropolitano. Después llegó el Leicester ingles. El partido de ida fue algo más ajustado, cosechando un empate a uno y dejando todo abierto para la vuelta en casa. Collar y Jones marcaron los dos goles del triunfo rojiblanco. Llegaron los cuartos y se repitió la misma película ante el Werder Bremen. Empate en tierras teutonas y goleada en el Metropolitano (3-1). Las semifinales ante el Motor Jena, equipo germano oriental, fueron bastante más asequibles con un 0-1 en la ida en Alemania y 4-0 en la vuelta. Por cierto, que ese partido de vuelta no se pudo disputar en feudo atlético y se desplazó a Malmoe (Suecia). Mendoza y Jones hicieron doblete y colocaron al Atlético, por primera vez en su historia, en una final europea.

El primer partido, pese al empate a uno, dejó muy claro que el Atlético era el principal candidato a conseguir la Recopa. Tanto es así que, tras el tiempo reglamentario y la consiguiente prórroga, el empate se mantuvo más por la falta de acierto rojiblanca que por el buen hacer de los italianos. Lo prueba el hecho de que, tras el encuentro, el presidente rojiblanco bajó a saludar a los jugadores a los vestuarios. La euforia les convertía en ganadores morales y confiaban en demostrarlo en el partido de desempate. Ambas directivas acordaron que el encuentro se disputaría el 5 de septiembre y quedaba en manos de la UEFA elegir la ciudad que albergaría el choque.

Llegada la fecha, el Atlético puso sobre el terreno del Neckarstadion toda su artillería, con Adelardo, Collar, Mendoza, Jones y Peiró como referencia en el ataque. En poco más de 26 minutos, la final estaba finiquitada. El Atlético aprovechó su superioridad en el remate de cabeza frente a una débil y fallona defensa italiana. Si a esta circunstancia añadimos la falta de acierto de los delanteros de la Fiore, que se quedaron solos ante Madinabeytia en más de una ocasión, el partido discurrió por un camino plácido para los rojiblancos. Pese a tener el mando del partido a ráfagas, los hombres de Villalonga se sabían superiores, tenían más fe y buscaron con mayor ímpetu la portería contraria. El técnico italiano Valcarrecci resumió al final del encuentro la superioridad rojiblanca: "Jugando así, el Atlético podría vencer a cualquier equipo de Europa".

"Dios ha premiado el tesón y el trabajo"
La renuncia del Bayern Munich, campeón de la Copa de Europa en 1974 a costa del Atlético de Madrid, propició que el conjunto rojiblanco entrenado por Luis Aragonés disputara la final de la Copa Intercontinental ante Independiente de Avellaneda. En aquella época, el título se disputaba a doble encuentro y primero tocaba visita del Atleti a tierras argentinas. El resultado de 1-0 daba ventaja a los argentinos, pero la vuelta debía disputarse en el Vicente Calderón y allí, el Atlético se sabía capaz de obrar un milagro que se hizo esperar pero llegó.

El encuentro en Buenos Aires, disputado en el estadio Doble Visera, tuvo como era de esperar un arranque con Independiente al ataque. Reina tuvo que emplearse pero los envites argentinos se perdían en internadas que finalizaban con poco peligro. A los 34 minutos, Balbuena aprovechó una trabada jugada para marcar el único y definitivo tanto. Los dos equipos, temerosos, no terminaron por brillar en ataque y sólo una ocasión clara de Ayala pudo terminar poniendo las tablas en el marcador para la vuelta en el Calderón. Luis Aragonés se quejaba amargamente tras el partido: "La mala suerte sigue persiguiéndonos".

Llegado el 10 de abril de 1975 el Vicente Calderón registró un lleno espectacular. 70.000 almas se congregaron en el estadio de la ribera del Manzanares para empujar a los suyos y culminar una remontada que podía ser histórica.

El partido respondió a las espectativas que no supo culminar el choque de la ida. En Madrid sí aparecieron los dos equipos que se esperaban. El estilo rojiblanco derrochó velocidad, profundidad y furia. Los platenses supieron esconder bien el balón, sabedores de la ventaja que traían de Buenos Aires. Sin embargo, tras el gol de Irureta hubo reacción argentina tratando de evitar una prórroga y los malditos penaltis.

La victoria rojiblanca fue trabajada y se sudó hasta prácticamente el final. El primer tanto de los colchoneros fue obra de Irureta. Era el minuto 21, una jugada de Gárate dejó un balón franco para que el irunés perforase la portería de Pérez. En la segunda mitad, Independiente parecía fiar todo a la prórroga y a los penaltis, donde sabían que su arquero contaba con ventaja. El Atlético no se complicó. Siguió buscando con ansia la victoria, desplegó un fútbol práctico, rápido y que terminó por meter en su área a los jugadores de Independiente. A los 86 minutos, una jugada a balón parado propició que, tras varios rebotes, Ayala se hiciera con el balón entrando en el área argentina para marcar el tanto de la victoria.

Hubo reacción posterior de los argentinos, pero sin tiempo para forzar la prórroga. El Atlético fue justo campeón al ser más equipo, buscar de cara la victoria y no dar concesiones a un rival demasiado conservador. Luis Aragonés celebró el título con estas palabras: "Dios ha premiado el tesón y el trabajo. Los argentinos dan demasiada importancia a la pelota".

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