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Madrid-Atlético: toda una gran final para reescribir la historia

AS AS 24/05/2014 Juanma Trueba
© Proporcionado por AS

Aviso a navegantes: el texto que empiezan a leer no estará a la altura de la final. Es imposible. Ustedes tampoco lo estarán, salvo que hoy hagan el salto del ángel desde el Puente 25 de abril, cosa muy poco recomendable; hay mar rizada. La final nos sobrepasará en cualquier caso. No hay acto que la iguale ni palabras para definirla. Todas están gastadas: pasión, drama, épica, emoción, delirio… Sería imperdonable vestir a esta final con el traje de otro partido, por grande y lujoso que fuera. Esto es distinto. Síganme, si no me creen.

La primera aproximación produce vértigo: este partido no tendrá revancha. Al menos en los próximos 58 años, el tiempo que han tardado Real Madrid y Atlético en encontrarse en la final de la vieja Copa de Europa, ahora rutilante Champions. Desde este punto de vista, hoy no sólo está en juego una Copa, la Primera o la Décima. Hoy se dirime el argumento que utilizarán madridistas y atléticos para mofarse unos de otros durante el próximo medio siglo, no importa quién venza en los siguientes mil derbis: “Sí, pero yo gané en Lisboa”.

Esta amenaza, muy seria para el pueblo llano, no afectará a los jugadores. A ellos no les asoman los vecinos por el patio de luces, ni les asaltan en la oficina o el mercado. Su presión es interior. Más callada pero igual de tormentosa. Coincidente en lo fundamental: el deseo de ganar, inmenso, sólo es comparable al miedo a perder, enorme. Deseo y miedo, se los acabo de presentar, son los dos jugadores más importantes del partido. Ambos saldrán de inicio, nos queda por averiguar su camiseta.

Tras los futbolistas de aire, los de carne y placenta. Primero, Diego Costa. A falta de confirmar el milagro de su recuperación, ayer completó un entrenamiento para la televisión, una actuación formidable que dejó estupefactos a quienes miraban: sprints, arrancadas, golpeos y hasta un enfado con el mundo. Es decir, en plena forma. Para el partido o para el Goya. Arda, más discreto, también se entrenó sin novedad. Jueguen o no, la distracción habrá servido para algo, quizá para que Ancelotti levante las dos cejas.

El Madrid respondió al fervoroso entrenamiento del Atlético con sus propias armas: Gento, Amancio, Raúl, Mijatovic, Hierro y, de paso, Zidane. A todos los exhibió con la sana intención de motivar e impresionar, de mostrar sus razones, nueve Copas de Europa, más plata que en el Yucatán. Digamos que salió a entrenarse con todas las medallas prendidas. Los secretos, a resguardo: Cristiano lució impecable, Benzema se manejó con cautela y Pepe con la poca que acostumbra. Este misterio también se revelará hoy.

A partir de aquí, el balancín de conjeturas. Por experiencia, gana el Madrid; por ansiedad, pierde. Por solidez colectiva, vence el Atlético; por talento individual, pierde. El juego puede continuar hasta el infinito, pero no resolveremos nada. La táctica es más tangible: habrá choque de vectores en el mediocampo, con presión especial sobre Illarramendi, en teoría, la pieza más débil del Madrid. De ahí saldrá el primer ganador, quién sabe cuál será el último.

Cuidarse. La sociedad española de cardiología recomienda no beber, no fumar, no comer copiosamente y no dejarse llevar por la euforia excesiva. La alternativa es cerrar la boca cuando el corazón vaya a escaparse. Y rezar algo, un himno puede valer.

La UEFA no venderá hoy ninguna entrada

Muchos aficionados del Madrid y del Atlético viajaron ayer a Lisboa con la esperanza de que la UEFA sacase hoy un cupo de entradas a la venta en las taquillas del Estadio Da Luz. De hecho, ayer ya había una treintena de seguidores haciendo cola en los aledaños empujados por informaciones que hablaban de esa posibilidad. Sin embargo, un miembro de la UEFA se dirigió a ellos al mediodía para descartarles esa posibilidad. El máximo organismo del fútbol europeo se ha quedado con 24.000 entradas para compromisos y los de sus patrocinadores (a los equipos les ha correspondido 17.000 a cada uno). Tal es la desesperación de algunos hinchas, que ayer, desde primera hora de la mañana, muchos de ellos recorrieron las plazas céntricas de la ciudad con carteles colgados al pecho: “I buy tickets” (“Compro entradas”).

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