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Maestros de arte y madera

Marca Marca 03/05/2014 marca.com

No fue mucho el tiempo en que pudo disfrutarse sobre el Estadio Manolo Santana del tenis de los maestros de otro tiempo que protagonizaron, más que un partido de leyendas, un calentamiento de leyendas. Manolo Santana, anfitrión a sus 75 años, Jan Kodes, bicampeón de Roland Garros, y una vez de Wimbledon; 'Il Bello' Adriano Panatta, el hombre que ganó dos veces a Borg en Roland Garros ("quería que Borg ganase a todos los demás hasta llegar a mí. Me pasó en París una vez con Jauffret. Yo queria que ganara Borg aunque fuera más fácil vencer a otros. Me gustaba enfrentarme a él"); Ilie Nastase, paradigma del tenis de arte que propiciaban las raquetas de madera con las que ayer evolucionaron y el benjamín, a sus 54 años, Andrés Gómez, el hombre que derrotando a Agassi en la final de Roland Garros 1990 demostró una vez más que el deporte sigue pesando más que el márketing a la hora de conseguir resultados -nueve años tardó André en ganar Roland Garros, y eso después de haber cambiado su histrionismo juvenil por la madurez deportiva-, sí mostraron retazos de tenis dificil de ver hoy en dia.

Santana, Kodes, Panatta, Nastase y Gómez mostraron en la Caja Mágica cómo se jugaba al tenis hace 40 años © Santana, Kodes, Panatta, Nastase y Gómez mostraron en la Caja Mágica cómo se jugaba al tenis hace 40... Santana, Kodes, Panatta, Nastase y Gómez mostraron en la Caja Mágica cómo se jugaba al tenis hace 40 años

En 1981, John McEnroe fue el último tenista que ganó Wimbledon con una raqueta de madera, y en 1987 se usaron por última vez en La Catedral. Cuando en su retorno a principios de los 90 Borg trató de volver a utilizar su histórica Donnay, ya no pudo con ella más que constatar que los tiempos habían cambiado. Desde la invención del tenis hasta los años 70, los tenistas sólo tuvieron a su disposición raquetas de madera -pese a algún intento, en los años 30, de introducir el metal-, que pese a que con el tiempo fueron evolucionando, en ningún momento pudieron alcanzar las prestaciones que luego se lograron con el metal y materiales compuestos como, hoy, el grafeno. Eran difíciles de fabricar y de mantener -máxime en un deporte de precisión milimétrica como el tenis-. Por ejemplo, por más barnices y protección que llevaran, eran sensibles al calor y la humedad, y cuando no se usaban solían estar sujetas por una prensa para que no se deformasen. Eran, por lo tanto, caras. Manuel Santana recuerda que apenas disponia de cuatro por temporda. Hoy no es raro que algún tenista lleve ese número en su bolsa en un partido.

También eran más pesadas que las actuales, así como las bolas (tenistas veteranos hay que aún tuercen el gesto cuando recuerdan algunas modelos antiguos de la marca Tretorn) y por tanto, el tenis que se desplegaba estaba condicionado por ello: hoy se puede golpear muy duro, y se golpea. Antes, aunque se imprimiera toda su fuerza al brazo, los golpes definitivos no eran tan comunes, y por tanto había que usar otros recursos: el toque de bola, el juego de muñeca, la fantasía, el cambio de dirección...

Recuerdan los jugadores de esa época que no se estilaban entonces las dobles sesiones de entrenamiento, ni tampoco las seis horas en pretemporada. Que al médico se iba de vez en cuando, y la nutrición correcta se cifraba en un buen filete, y que las fiestas conjuntas tras los partidos no eran contínuas, pero si comunes. El ranking ATP se creó a principios de los años 70. Por lo tanto, recuerda Ion Tiriac, que no llegó a tanto sobre la pista pero fue su contemporáneo "no había tantas preocupaciones por la temporada. No había tantos puntos, ni tanto dinero. Eran otros tiempos, pero yo no los cambiaría por estos". Eran los tiempos de jugadores bohemios como Nastase -de quien siempre se dijo que si no ganó más Grand Slam que un Roland Garros, fue porque duraban dos semanas y no llegaba a concentrarse tanto tiempo. Masters, en cambio, ganó varios-, músicos y poetas como Guillermo Vilas, o, después, rockeros como McEnroe y Wilander, a partir de los cuales comenzaron a mudar los tenistas de personalidad. No se piense, sin embargo, que era gente despreocupada: esta generación fundó la ATP y Kodes, de hecho, ganó Wimbledon durante una huelga de jugadores.

Ayer, en el rato que estuvieron sobre la pista, no se oyeron golpes secos, como dados por una tabla de lavar, salir de las raquetas de Santana, Kodes, Panatta, Nastase ni Gómez.Se vio, más bien, salir las bolas acariciadas por los instrumentos, tomando ángulos improbables, o ganando o perdiendo inesperadamente velocidad. No pudo verse uno de los golpes que definían a Manolo Santana: esa volea o dejada, según, en la que la bola, en vez de avanzar hacia el rival tras cruzar la red y botar, retrocedía hacia el propio campo dejando rendido al adversario. Hoy habrá otra oportunidad, porque los cinco grandes maestros volverán a evolucionar sobre, precisamente, el Estadio Manolo Santana de la Caja Mágica. Manolo, por cierto, se hizo su primera raqueta con el respaldo de una silla...

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