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Messina y sus estrellas se quedan sin final de Euroliga

Marca Marca 16/05/2014 marca.com

La fe mueve montañas. Y en este caso, hunde transatlánticos como el CSKA. El Maccabi tiró de esos ingredientes que hacen falta en un evento como esta Final Four y a base de coraje y fe consiguió dar la vuelta a un partido que tenía perdido desde el primer minuto. Una victoria (67-68) trabajada que le permitirá luchar por su sexto entorchado continental y que deja al todopoderoso equipo de Messina, muy tocado. Y eso que las cosas empezaron de manera inmejorable para los moscovitas, sustentados en un impresionante Kaun que daba las primeras ventajas al CSKA que parecía lanzado a por la victoria final.

Todo a pesar de la insistencia, la fuerza y el poderío de un Schortsanitis que no salió en el quinteto inicial, pero que inmediatamente pidió paso para dar vida a los macabeos a pesar del inicio fulgurante de los moscovitas (14-6). El gigantesco pívot heleno aprovechó los minutos de descanso de Kaun para imponer su ley y para sacar provecho en cada acción de ataque. Una bocanada de aire para un equipo, el de David Blatt, que necesitaba de cada suspiro para intentar doblegar al todopoderoso equipo ruso. Así, en esa batalla de gigantes salió vencedor Kaun en el primer asalto con un 19-16 que dejaba las espadas en todo lo alto.

Coincidió el comienzo del segundo cuarto con el inicio del concurso de triples que se vivió en las tablas del Mediolanum Forum. Un recital de tiro exterior en el que, como era de esperar, volvió a destacar el potente arsenal de Messina. Fueron los peores minutos de Maccabi, al menos defensivamente, y aún así los de Blatt salieron vivos del enfrentamiento gracias a las acciones de Blu, Ohayon y el oportunismo de Alex Tyus atento a todo lo que caía en sus manos.

Krstic, Teodosic y, sobre todo, Khryapa sacaban lustre a los galones del otrora equipo del ejercito y apretaban los dientes para cerrar su canasta y dar un pequeño estirón en el marcador (34-27, min. 17). Parecía que Messina había tocado corneta y sus tropas habían lanzado el ataque que terminaría por descomponer a los israeliés que, para colmo, se quedaban sin su gigante por acumulación de faltas. Todo parecía preparado para que el CSKA pensara ya en un nuevo intento por conquistar su séptimo cetro continental.

Al tratarse de una semifinal de la Euroliga, mal hacemos en dar las cosas por supuestas. Estos partidos se juegan de otra manera, con un cuchillo entre los dientes y armas que en otros envites no sacarías a relucir. Rice se puso el traje de 'Flash' y a toda velocidad cruzó la zona para revivir a los macabeos con una entrada que dejaba las espadas en todo lo alto. Fridzon se encargó de devolver las aguas a su cauce y puso a los rusos con ocho arriba (38-30) al descanso y una sensación de superioridad que no hacía presagiar cambios en la segunda parte.

Y fue comenzar el segundo acto y volver a divisar a Kaun en el horizonte surcando los aires de Milán para bajar un alley-oop del cielo para demostrar que el CSKA no estaba dispuesto a sufrir ningún sobresalto. Fue un triple de Blu y el desconcierto local (honor que cayó sobre los hombros moscovitas) los que se encargaron de poner el picante en un partido que parecía controlado por los de Messina, pero que no terminaban de rematar la faena. Y eso que el Maccabi tampoco estaba por la labor de ganar un partido, como demostró una jugada entre Rice y Tyus que no acertaron a capturar el balón y çéste terminó en manos de Hynes para dar la máxima a los rusos (44-33, min 25).

Ni el enfado de Blatt con sus huestes, ni el rictus inamobible de Messina reflejaban lo que ocurría en la cancha. Bueno, lo primero sí. El técnico del Maccabi se desgañitaba en la banda intentando poner cierto orden en ataque (el equipo hebreo funcionaba a pequeños arreones aislados) y rigor en defensa para sostener a los moscovitas, cuyo arsenal (pese a que algunos como se empeñen en negarlo) es inagotable. Así, cuando no es Frydzon es Teodosic y cuando no, Krhryapa. Todos sumaban para dar al CSKA un colchón de 10 puntos con el que afrontar el último cuarto, pese a la voluntad de Hickman de no dar su brazo a torcer.

Él, con un triple al final del tercer acto, y Rice, con una canasta a tablero, se encargaron de insuflar la última bocanada de aire a los suyos. Un espejismo que enseguida Kaun, hombre de buenos principios, se encargó de cortar dejando a los macabeos enganchados a un respirador artificial. El Maccabi entraba en los últimos ocho minutos de partido en la U.C.I y con pocas esperanzas de salir de ella tras un triple de Khryapa y una canasta de Teodosic a falta de cuatro minutos.

El milagro israelí parecía cada vez más improbable, pero en estos partidos, con tanta calidad en cancha, nadie está muerto hasta que no está bajo tierra. Y si no que se lo digan a Messina que vieron como un fallo de Weems, tras una mala jugada de ataque, y un triple del incansable Hickman devolviían las constantes vitales al equipo de Blatt. Cinco puntos de diferencia a falta de tres minutos y medio. Partido nuevo.

Sobre todo después de la penúltima pérdida de un Krstic que vivió su particular infierno hebreo con un partido para olvidar. De sus fallos y de un choque para olvidar de Weems se aprovechó Rice para regalar a los aficionados el final que tanto les gusta a los aficionados menos fieles a este deporte y a los que tanto les gustan los finales apretados y no tanto lo que ha sucedido en los 39 minutos anteriores. Último minuto y sólo tres de diferencia. Toda una vida.

Maccabi rompe todas las quinielas © Maccabi rompe todas las quinielas Maccabi rompe todas las quinielas

Un choque en el que ya sólo valen los hombres y en el que hasta los mejores titubean. Sólo hay que ver ese primer tiro libre de Weems y la voluntad de Smith por meter al Maccabi en el partido. Todo cambiaba. Sin embargo, al final la calidad siempre sale a relucir y el alero estadounidense del CSKA se redimió de un partido horrible con una canasta que podía valer una final (67-63 a falta de 20 segundos).

Por fortuna, esto del baloncesto es impredecible y una canasta lo cambia todo. Y si la de Weems decantaba las apuestas a favor del CSKA, un triple de Blu volvía a rebajar la cuota al jugársela por el Maccabi (67-66 a falta de 12 segundos). Un favoritismo que resultó total y definitivo cuando Krhyapa perdió el balón decisivo y Rice anotaba la canasta final a falta de seis segundos. Una acción decisiva, pese al último intento de Weems y que deja a Messina sin su quinta final continental tras encajar su primera derrota ante un Maccabi en la que la fe y la determinación resultaron más fuertes que la calidad y el músculo moscovita.

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