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Milagro del Valencia en el Palau

AS AS 10/06/2014 Juanma Rubio
© Alejandro Garc��a

Suena a tópico pero es real: hubo milagro en el Palau Blaugrana. Contra una montaña gigantesca, casi contra el sentido común, el Valencia Basket salió vivo y jugará al menos un partido más en una temporada histórica que quizá no merecía irse por la gatera de un 0-3. Sin Dubljevic, sin Aguilar y sin Sato. Y con otro rosario de jugadores con problemas físicos (Ribas tuvo problemas cuando era el asidero de su equipo en el último cuarto). Sin acierto en el tiro durante medio partido, con problemas de faltas en su minúscula rotación interior… con todo el contra, el Valencia ganó en el Palau un partido que tuvo perdido (45-32 en el arranque del segundo tiempo). Y vivirá para jugar un partido más. Al Barcelona el colchón se le hace pequeño. Tiene otra bala en el Palau pero ya sin red porque el quinto se jugaría en Valencia. Donde acaba de ganar dos partidos pero donde a nadie en su sano juicio le gustaría volver después de verse 0-2 camino de casa.

El Valencia dio una cátedra de supervivencia y fe. Puso en juego el pellejo y lo salvó. Primero hizo la goma, fue un rival dócil que boqueaba hasta que sintió que tenía una oportunidad. Entonces se lanzó sobre ella, la atrapó y no la soltó. Estuvo noqueado (25-15, 40-26, 45-32) pero nunca perdió el hilo. Se plantó vivo en el último cuarto (59-53) y entonces encontró el tiro exterior que no había tenido en toda la serie (3 de sus 4 triples en esos diez minutos). Oprimió al Barcelona (66-66) y a partir de ahí se dedicó a dejarse el alma en defensa y atacar con inteligencia, cebándose sobre los desajustes de su rival para viajar constantemente a la línea de tiros libres (20/24 con 16 tirados en el segundo tiempo, 13/21 totales del Barça). Doellman (19 puntos, 5 rebotes, 8 asistencias) y Lishchuk (16 puntos, 12 rebotes) jugaron partidos gigantes y Lucic dio el relevo a Ribas en el último parcial. Perasovic supo sostener a su equipo y propulsarlo después con la última (¿penúltima?) fuerza. Con una zona 1-3-1 como alternativa defensiva y constantes inventos en la rotación para llegar al final con aliento. Lo dicho: un milagro.

Pero lo que hizo el Valencia Basket, excepcional, no hubiera sido posible sin la ayuda de un Barcelona penoso, demasiado querido de sí mismo, que se adornó a destiempo y pareció holgazán durante muchos minutos. Un equipo que lo tuvo tan fácil que no lo supo resolver, que dio el partido por acabado con ese 45-32 que abrió el tercer cuarto y ya no supo ponerse otra vez a jugar cuando necesitó hacerlo. Se desconectó y no pudo volver a sudar, ahogado por ataques sin sentido resueltos con tiros sin acierto y desprotegido por una defensa impropia que sólo paraba al rival con faltas personales. El segundo tiempo selló un parcial de 28-42, 19-56 en valoración, 14-21 en rebotes y 15-7 en faltas personales. El Barcelona perdió 14 balones y anotó su segundo triple para fallar después 16 seguidos. En total: 1/18, un lamentable 5% que le sepultó: 0/7 en el último cuarto. Abrines siguió con su semifinal de pesadilla y Navarro y Oleson se desvanecieron cuando el balón quemaba. El partido retrató a un Tomic desconectado (6 puntos, 4 personales) y retrató a casi todos, en realidad a todos menos a Papanikolaou y a un Dorsey que sostuvo a su equipo con 20 puntos… y 13 de los 28 del Barcelona en el segundo tiempo. Los menos malos, los que no bajan casi nunca las revoluciones. Significativo.

Con Triguero eliminado y Lishchuk con cuatro faltas, el Barcelona dejó de sacar ventajas en unas zonas en las que había abusado del Valencia durante más de dos cuartos. Cada vez que tuvo una ventaja cómoda, se tiró a la bartola en lugar de buscar la yugular de un rival que jamás se rinde. Cada vez que el Valencia entraba en crisis, el Barcelona perdía un par de balones y regalaba un puñado de tiros libres. Así hasta que el Valencia creyó y volvió al partido de tantas oportunidades que tuvo. Para entonces, anotaba casi en cada ataque ante un Barcelona boquiabierto que se disparó en el pie en una sucesión de ataques ridículos rematados por un mate fallado por Tomic con 66-66. La suerte sonrió a los azulgrana en el segundo partido pero le abandonó esta vez. O tal vez eligió simplemente al que la merecía más.

La eliminatoria se abre de repente como un melón. La lógica dice que quizá el Valencia ha tocado techo y que lo tendrá negro en el cuarto partido, otra vez en el Palau y con una batalla más en las piernas. Pero su mérito ha sido regalarse esa oportunidad extra, llevar las cosas a un terreno en el que la lógica cada vez cuenta menos. El Barcelona jugará el cuarto partido con ventaja pero con fantasmas en el armario. Le toca espantarlos y le toca ganar la eliminatoria. Porque desde luego el Valencia Basket no se la va a regalar.

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