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Mireia ya es de oro puro

Marca Marca 11/08/2016
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La natación española ya tiene su primera campeona olímpica y el deporte español su primer oro en Río. El honor hay que apuntárselo a Mireia Belmonte, que cuatro años atrás se quedó en puertas del triunfo en los 200 metros mariposa, pero esta vez lo ha cazado al vuelo.

Mireia se impuso en una emocionante y cerrada final con un tiempo de 2:04.85, con una ventaja mínima sobre la australiana Madeline Groves (2:04.88) y la campeona del mundo en 2015, la japonesa Natsumi Hosni (2:05.20).

Si en Londres no era la favorita, en Río cargaba con esa pesada matrícula, por más que estuviera el año pasado fuera de los Mundiales debido a una lesión en ambos hombros, y que no llegara a los Juegos con la mejor marca de las participantes. Pero quienes siguen la natación sabían que Mireia reúne atributos y experiencias que la hacían destacar.

La única duda era cómo respondería su organismo después de cuatro días de competición, en su cuarta prueba y en su séptima carrera.

Lo hizo a la altura de las exigencias. "Los horarios han sido terribles, te extraen toda la energía, pero ella necesitaba estar activa todos estos días. Esto [por su triunfo], es el resultado", explicaba su entrenador, el francés Fred Vergnoux. Él y Mireia sabían cómo iba a plantearse la carrera. La australiana, con la que Belmonte había coincidido tanto en las eliminatorias como en las semifinales, había sido clara al respecto: un fuerte ritmo que intentaría descartar rivales y aguantar hasta el final.

En vista de ello, Mireia no dejó que se escapara más de lo admisible. Sí, Groves dobló primera por los 50 metros, pero a mitad de prueba la española ya le había limado la mitad de la desventaja.

El destino de la final se decidió en el tercer largo. Ahí, Belmonte desencadenó su ataque, que no fue otra cosa que mantener su ritmo de nado, dando 24 brazadas, con las que primero se puso a la par de la australiana y finalmente la rebasó ligeramente en el último viraje. Su volteo fue sensacional, apurando el nado submarino que tanto ha practicado los últimos años unos dos metros más que Groves. Emergió por delante y ahí empezó otra fase de la carrera.

Conociendo las características de Mireia cabía esperar un despegue definitivo de sus rivales, pero se trataba de una final olímpica y ahí nadie iba a tirar la toalla de antemano.

Sí, la española comandaba la prueba, pero no estaba decidida. Groves, Hoshi y hasta la estadounidense Cammile Adams por la calle 8 llegaban con mayor velocidad, amenazando su triunfo. La australiana no sólo era una buena lanzadora, sino que tenía resistencia para un último golpe. En los últimos metros no estaba nada claro el desenlace.

Fue Mireia quien alcanzó a tocar primero, cuando Groves y Hoshi estaban a punto de hacerlo. Sólo tres centésima de diferencia le valieron para proclamarse campeona.

No fue su mejor marca (ella ha nadado dos veces unas centésimas más rápida en 2013 y 2014), pero lo suficientemente valiosa, muy valiosa, como para hacerla acreedora de un oro olímpico que ha venido persiguiendo desde el mismo día que ganó la plata en Londres. Ha trabajado lo indecible para conseguirlo y se lo merecía. Mireia Belmonte, campeona olímpica. Qué bien suena.

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