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Nació para ser mirado

AS AS 29/05/2014 Juan Cruz

El fútbol nació para ser mirado. Mi padre me llevaba, de niño, a mirar el fútbol desde el muro de unas plataneras, en el Puerto de la Cruz, Tenerife; casi escuchábamos, tan solo, el sonido de aquellos antiguos balones que parecían piedras. El campo de El Peñón estaba al borde del mar, así que se alternaba el olor del salitre con el olor de la tierra que levantaban los jugadores esforzados. Y el sonido de aquellos balones eran como disparos en el cielo. Mi padre sabía que yo estaba ya vencido por el veneno del fútbol, y sabía por tanto que el fútbol era sonido y plástica, mirada por tanto. Luego vino la televisión; pero nosotros seguimos imaginando el fútbol de la radio, hasta hoy mismo, como si la radio le diera otra dimensión a las jugadas, más misterio, la emoción que transmite la voz. Era un gran espectáculo, por donde lo vieras, por la radio, por la televisión, en vivo, ante el campo. Una emoción indescriptible más grande y más bella que cualquier juguete.

Después vino el cine, las películas de Kubala o de Di Stéfano, aquel filme de John Huston sobre los valerosos jugadores que desafían la política para jugarse el destino dejando atrás una dictadura. El fútbol fue, en literatura y en cine, metáfora de su tiempo, como el propio fútbol es símbolo de lo que ocurre en los países. Y aquí lo tienen ustedes, en cine; entender el mundo a partir del fútbol es una tarea educativa impresionante, y estas películas ofrecen un recorrido emocionante y pedagógico sobre lo que le sucedió a los países cuando irrumpió en ellos la responsabilidad del Mundial. ¿Cómo iba a ser el Uruguay de 1930 el mismo después de la presencia del fútbol en su suelo? Y así hasta la Alemania de 2006 y, ay, la Sudáfrica de 2010. Este último año, que es el culmen de las ilusiones españolas, y el preludio de las que ahora viviremos en Brasil, es como el The End, de momento, de esta inmensa película que es el fútbol mundial. El fútbol nació para ser mirado, nos fascina. como el cine. Y es cine.

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