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Nadal-Djokovic: final de época por llevarse el número uno

AS AS 08/06/2014 Alejandro Delmás

Es una final de Roland Garros que desde las 15:00 horas (Discovery Max y Eurosport) marcará una época en el tenis: es la novena para Rafael Nadal y la segunda para Novak Djokovic, demonio serbio que aquí desearía sentirse como ese Josué bíblico que recibió un milagro a la vista de las murallas de Jericó: “En mi presencia se detuvo el Sol”, sentenció Josué cuando ganó la batalla. Hoy, Djokovic, rey de Belgrado y Capitán Ahab a la caza del cobrizo Moby Dick de Manacor, querría tener el mismo don de Josué: y detener el sol de esta calina primaveral de París, el sol que tanto puede ayudar a Rafael Nadal Parera en su fiera defensa de las rojas Murallas de Roland Garros.

Fatiga. En París, el sol y la sensación térmica han desplegado sus alas rojas justo a tiempo de atormentar a Djokovic con una tortura de calor y “fatiga” (dijo Novak) en la semifinal ante Gulbis. Es el mismo sol caliginoso que alza y acelera la bola disparada por la raqueta de Nadal, ese mazo: “Los tiros de Rafa botaban de un modo increíblemente alto y pesado, como nunca he visto”. Eso apuntó Andy Murray, presa y víctima de Nadal, que muestra un 65-1 en Roland Garros, en semifinales.

Rafa llega con un set perdido y tras pasar en pista once horas y 53 minutos. Djokovic ha entregado dos sets a lo largo de 12 horas y 58 minutos. Casi de puntillas, Nadal ha ido analizando y dando la vuelta a cada una de las circunstancias que le fustigaron durante esta primavera en tierra batida.

Pero Djokovic irá a un asalto desesperado porque, si no gana hoy, quizá empiece a considerar París como misión imposible… al menos mientras Nadal esté de guardia. Al mismo tiempo, la quinta derrota en fila de Rafa ante el serbio rendiría al Djoker el número uno, el título y la primera final perdida por Nadal en la Chatrier: y además, quizá volviera definitivamente los dados del lado de Novak, al igual que Federer nunca fue el mismo ante Nadal tras cederle Wimbledon. Sí: es una final de época. Y a su conclusión, el mar de la Chatrier se habrá alzado en lágrimas. “La mer s’est elevée avec pleurs”. Las lágrimas serán de Nadal… o de Djokovic: y eso lo cantó Edith Piaf.

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