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Ni la ocasión ni el rival cambiaron a este Madrid

AS AS 17/05/2014 Antoni Daimiel
Sergio Rodríguez aprovecha un bloqueo de Slaughter para irse de Marcelinho. © Proporcionado por AS Sergio Rodríguez aprovecha un bloqueo de Slaughter para irse de Marcelinho.

Siendo el de siempre. La gran virtud del Real Madrid en la semifinal de Milán fue la de no cambiar, la de ser el de siempre. Que la ocasión, el escenario, el rival y la presión no te cambien rutinas, puesta en escena, compromisos y prioridades: “Suelo meter cien puntos y mi perímetro casi siempre se pone inaguantable, gáname si puedes”. El Barcelona no estuvo a la altura. El marcador permite y justifica adjetivos muy utilizados por la prensa deportiva, casi siempre de manera gratuita y exagerada. Pero ayer el equipo azulgrana sucumbió en un repaso absoluto, un correctivo que tolera definiciones como sonrojo, vergüenza y humillación. La manera es importante, perder así deja cicatriz siempre que se enfrentan estos dos clubes.

El baile del MVP. Veinticuatro horas después de que la Euroliga le anunciara como el MVP de la temporada, Sergio Rodríguez tampoco varió lo más mínimo. Saltó a la pista con un marcador de 13-8 a favor del Barcelona y en su primera acción se pasó el balón bajo las piernas en bote de impulso y recogida con la misma mano. A partir de ahí ocupó unos minutos en desactivar un antídoto llamado Sada. En cuanto el Barcelona se cuestionó la conveniencia de gastar una quinta parte de un equipo en un mero stopper, comenzó el baile del base canario. A razón de punto anotado por minuto tampoco hace falta jugar más.

Les faltó el ‘cuatro’. Xavi Pascual se pasó el partido buscando un ala-­pívot que pudiera ofrecer una mínima resistencia a Nikola Mirotic y a Felipe Reyes. A Lorbek se le caducó su estatus y categoría hace más de un año y Nachbar se esfumó en el partido perdido por las faltas personales. Lampe se quedó fuera del proyecto hace tiempo y Todorovic ni se vistió para esta cita. Y el tres y medio, Papanikolaou, ofreció un perfil de inmadurez preocupante.

La sorpresa del Maccabi.­ El gran valor del Maccabi en la primera semifinal fue el de la fe incondicional en un objetivo lejano, dentro de un marco favorable de desesperación. La urgencia y la prisa son buenas consejeras para jugadores como Ricky Hickman, Tyrese Rice y Alex Tyus. El mosquito mató al caballo, con un parcial final de 12-28 para el equipo de Tel Aviv. La debacle del CSKA desautoriza en la gestión de superior plantilla y presupuesto a Ettore Messina,­ que ya había anunciado hace meses su renuncia a continuar con el proyecto en Moscú y que a más edad y experiencia más le está costando encontrar su lugar en el mundo.

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